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El FMI se pone a sí mismo en jaque mate en Brasil

por Dennis Small

No deja de tener su ironía la situación en torno a las elecciones brasileñas. Durante las semanas anteriores a esos comicios, los acreedores de los 50 mil millones de dólares que el Brasil le debe a los financistas internacionales hicieron prometer a todos los principales candidatos presidenciales —tanto del gobierno como de la oposición— que, si ganaban las elecciones, mantendrían en pie los actuales acuerdos del Brasil con el Fondo Monetario Internacional. Se pactaron arreglos de traspuerta, se profirieron las amenazas de rigor, y cuando llegaron las elecciones, casi podía oírse el suspiro de alivio en Wall Street: "Estamos bien, muchachos: todo está amarrado. Todos aceptaron —incluso Lula— que destrozarán su economía antes que dejar de pagar. Gracias al cielo que prevaleció la razón".

Pero no se puede tapar el sol con un dedo, y los planes de Wall Street sufrieron un par de reveses. En primer lugar, el doctor Enéas Carneiro pateó el tablero. En su contienda por una curul en el Congreso nacional, Carneiro, el político brasileño que más se asocia con el llamado de Lyndon LaRouche a romper de cuajo con todo el sistema del FMI —ruptura, le llama él— sacó más votos que ningún otro candidato al Congreso en toda la historia del Brasil. Ya nada está 'amarrado'.

En segundo lugar, el FMI ha logrado ponerse a sí mismo en jaque mate en Brasil. Fabricó una burbuja crediticia de tales dimensiones y características, que, de imponerse con éxito las medidas que exige el FMI, sólo conseguirá hundirse a sí mismo. LaRouche explica así el asunto: "Cualesquier condiciones del FMI ante las que capitule Brasil, lo destruirían, en efecto; pero eso también destruiría al propio FMI. Mientras que cualquier acción en el caso brasileño que resulte aceptable para el futuro del Brasil, que realmente le permita resolver los problemas brasileños, arrastraría a la bancarrota a todo el sistema del FMI. Tal es la realidad: si Brasil claudica, Brasil se va a pique y da pie a una reacción en cadena que causaría el desplome del sistema del FMI; si el FMI le acepta al Brasil condiciones razonables, el FMI se desploma de inmediato... que tal vez sería lo mejor".

Considérese la siguiente evidencia que respalda el argumento de LaRouche.

'El final de una clase de activos'

En 2002 ha habido una dramática contracción de los flujos de capital privado extranjero a los llamados "mercados emergentes", pero especialmente a Iberoamérica. En la Cumbre de Inversionistas en América Latina, sostenida el 1 de octubre en Washington, D.C. entre ejecutivos empresariales, banqueros, inversionistas y representantes de gobierno, altos funcionarios del Banco Mundial revelaron que el flujo de capital privado extranjero a los mercados emergentes en el 2002 sólo ascenderá a 125.000 millones de dólares, después de haber registrado 187.000 millones en 2001. Se trata de una brusca reducción de un tercio, cuando en los cuatro años anteriores sólo se habían visto leves altibajos (ver gráfica 1).

Estos flujos incluyen tanto la inversión directa extranjera como las inversiones en cartera (compras de bonos y acciones).

El cuadro regional iberoamericano es aún más impresionante. "Los flujos financieros a la región realmente se han secado", dijo en el cónclave Guillermo Perry, principal economista del Banco Mundial para América Latina. Como lo ilustra la gráfica 1, se espera que el influjo de capital privado extranjero a Iberoamérica caiga a sólo 25.000 millones de dólares este año, lo que refleja un alarmante 64% de reducción con respecto a los 70.000 millones de 2001.

Estas cifras reflejan especialmente las crisis de la deuda de Argentina y de Brasil este año. Los bancos y otros acreedores extranjeros simplemente han puesto en la lista negra al continente entero: se niegan a prestarle fondos nuevos o refinanciar sus préstamos viejos, e insisten en cambio en que los países paguen cumplidamente sus deudas usureras, sin importarles cuántas veces se les ha pagado esa misma deuda, ni los costos sociales y económicos que esto conlleva.

Pero al tiempo que sacan sus capitales de Iberoamérica, esos mismos especuladores privados insisten en que el FMI y los gobiernos del Grupo de los Siete metan más fondos, en la forma de paquetes de rescate, por decenas de miles de millones de dólares. Así, piensan, países como el Brasil podrán pagarle a sus acreedores privados antes de caer en incumplimiento.

Es así como el FMI aprobó en agosto un paquete de rescate al Brasil por 30.000 millones de dólares, el mayor préstamo que haya otorgado a país alguno. Mas, como lo advertía LaRouche en ese momento, ni siquiera esa suma era remotamente suficiente para cubrir la desbocada burbuja de la deuda brasileña. En un comunicado noticioso del 2 de octubre, la agencia Bloomberg cita a Roger Scher, principal analista latinoamericano de Fitch, Inc., calificadora de crédito británica, con este comentario: "Si Brasil no puede regresar pronto al mercado, entonces los fondos del FMI no son suficientes", agregando lacónicamente que el Brasil necesitará 63.000 millones de dólares del FMI en 2003. Lo mismo piensa Peter Hakim, presidente de Diálogo Interamericano: "Brasil es uno de esos países que podría voltearle la carreta a todo mundo. El FMI no puede cruzarse de brazos y decir: 'Ya hemos hecho todo lo que podemos' ". Y el megaespeculador George Soros aullaba que el FMI y el G-7 debían verterle más dinero al Brasil ahora mismo, para evitar el incumplimiento.

En la Cumbre de Inversionistas en América Latina, la plana mayor de Merrill Lynch, destacada agencia de corretaje de Wall Street, presentó su conclusión de que los inversionistas "se están metiendo a un búnker... para quedarse", en palabras de Jacob Frenkel, jefe de la unidad internacional de Merril Lynch. Si Brasil cae en incumplimiento, o hay alguna otra grave inestabilidad del mercado en ese país, el más grande de todos los deudores del Tercer Mundo, habrá una "devastación de la confianza" en la deuda soberana (de gobierno) de todo el mercado emergente. "Si ocurre algo negativo en Brasil", dijo Tulio Vera, investigador de Merrill Lynch, "eso cuestionaría la viabilidad de esa clase de activos".

Que quede claro: la "clase de activos" que tan alegremente dan por descontada, es toda la estructura de la deuda de los países del Tercer Mundo y de los del antiguo bloque soviético. Son estas naciones, con sus poblaciones, las que ahora Wall Street se dispone a tachar de la lista.

Alguien pudiera preguntarse: Pero, ¿realmente va a incumplir Brasil, con sus 500.000 millones de dólares en deuda externa real, o sus 335.000 millones de dólares en deuda pública (externa e interna)? Sí; el incumplimiento es ya inevitable, independientemente de quién gane la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y de la política que anuncie. El propio FMI lo ha garantizado.

El problema puede resumirse en una palabra: dolarización.

Dolarización, devaluación, incumplimiento... y muerte

Veamos la estructura actual de la burbuja de la deuda brasileña. Fijemos la atención en la deuda pública interna: los bonos que ha emitido el gobierno de Fernando Henrique Cardoso en los ocho años que lleva en el poder (ver gráfica 2).



Esa deuda aumentó casi por un factor de cinco, de 150.000 millones de reales en 1994, a más de 700.000 millones en 2002.

Y ese es apenas el comienzo de problema. El Brasil, bajo presión del FMI y los "mercados", empezó a emitir bonos internos denominados en dólares, no en reales. Esta demencia realmente agarró vuelo en los últimos dos años, para "atraer" a los inversionistas extranjeros que se preocupaban de que las devaluaciones los fuesen a dejar con los bolsillos llenos de bonos denominados en reales. Así, la proporción de bonos brasileños que están dolarizados pasa ahora del 45%, lo que quiere decir que, con cada devaluación del real frente al dólar, la deuda del gobierno sube de forma automática, sin haber recibido ni un centavo en crédito nuevo.

No casualmente la moneda brasileña es ahora presa de los embates especulativos de sus propios acreedores, y se ha desplomado de 1,12 reales por dólar a principios de 1998, a cerca de 3,88 al momento de escribir esto (ver gráfica 3):

una devaluación de 71%. Esa devaluación, a su vez, ha aumentado las obligaciones totales del gobierno, medidas en reales; es decir, en términos de lo que tiene que extraérsele a la economía real del país para mantener a flote la burbuja (ver gráfica 4). Ese monto asciende actualmente a la espeluznante suma de 1,8 billones de reales.

Agreguemos ahora una última consideración. Los especuladores han elevado también el tipo de interés que le exigen al gobierno brasileño que pague por sus bonos nuevos, declarando que el "riesgo país" del Brasil —el margen que deben pagar por encima del tipo de interés de los Bonos de Hacienda estadounidenses— ahora pasa de 2.100 puntos. Eso significa que ahora el Brasil debe pagar 25% de interés, o más, por cualesquier bono nuevo que emita. Pero también 40% de sus bonos viejos están "indexados" a las tasas de interés de mercado prevalecientes, o sea que esos también suben junto con el "riesgo país" y la demás charlatanería usurera.

En síntesis, el 45% de la deuda pública interna brasileña, de 700.000 millones de reales, está dolarizada. Otro 40% está indexado a la tasa de interés. Por cada centavo que se devalúe el real, la deuda aumenta por unos 3.500 millones de reales. Entretanto, el FMI y los especuladores se divierten reduciendo el tipo de cambio del real, al tiempo que elevan las tasas de interés. Resultado: la deuda brasileña es aritméticamente imposible de pagar. Así, el Brasil está al borde del incumplimiento, gústele o no le guste. Hace poco el Financial Times de Londres explicaba a sus por lo general obtusos lectores que, si resultan insuficientes los paquetes de rescate al Brasil, "ello no sólo destruirá la frágil economía brasileña, sino la misma razón de ser del FMI".

El Brasil llegó a su presente predicamento por cumplir fielmente las órdenes del FMI: se dolarizó; se devaluó; ahora está por caer en incumplimiento; y si sigue por este cauce, pronto habrá de morir, tal como ya le sucede a su vecina, Argentina.

LaRouche ha recalcado la demencia de la dolarización de la dueda: "Respecto a la situación de la deuda del Cono Sur, con esta dolarización de la deuda brasileña: la primera exigencia debe ser que el FMI acepte cancelar la dolarización y los aumentos de la deuda resultantes de misma. Debe dársele marcha atrás a la dolarización, admitiendo que fue un error, porque crea una situación imposible que amenaza la existencia futura del propio FMI".

Y Brasil no está solo, como puede verse en las gráficas correspondientes para Argentina y México (ver gráficas 5 a la 10). El porcentaje de dolarización varía en los tres casos, así como el marco temporal de las devaluaciones y las sumas por las que ha aumentado la deuda pública (medidas en la moneda de cada país). Pero los patrones y las causas son los mismos: todos llevan la huella inconfundible de la política demencial del FMI.



Argentina es el más avanzado de los tres casos. Tras su incumplimiento en el pago de unos 140.000 millones de dólares en deuda externa a fines de 2001, la Argentina se ha pasado diez meses postrada y suplicante ante el FMI y la comunidad financiera internacional, descuartizando su economía con la esperanza de recibir algún tipo de paquete de rescate. Para octubre de 2002, los únicos frutos de este servilismo argentino son: una tasa de desempleo nacional de alrededor de 25%; niveles de pobreza que ya superaron el 55% de la población; una contracción de casi 75% de las importaciones; el desmembramiento social; y ni un centavo de crédito nuevo.

Una de las ironías más amargas de esta situación es que, aunque el FMI y Wall Street en algún momento se decidieran a reestructurarle la deuda que dejó de pagar Argentina, ahora haría falta también "reestructurar la reestructuración". En otras palabras —según explicaba un artículo del 1 de octubre en el diario argentino Clarín— en los últimos diez meses los bonos compensatorios, atrasos y los costos por juicios vienen aumentando tan rápidamente, que "aun con una quita del 70% en el tramo externo de la deuda, aún no renegociado, la carga es insostenible". Argentina simplemente no puede pagar.

Seguía el artículo en Clarín: "¿De qué tipo de quita se está hablando? De la mayor jamás vista en los mercados externos... En Rusia y Ecuador apenas se superó el 40% de rebaja... Barclays Capital realiza ejercicios que asumen un 'write off' (perdón) del 90% de la deuda en bonos, y aún así, el cierre exige superávits primarios del orden de 3% del producto al año".

Argentina se ha visto obligada a considerar algo que incluso nunca antes se ha hecho: una quita de hasta 30% de la deuda con los organismos multilaterales: el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Aquí el problema es que el BID, por ejemplo, tiene cerca de 20% de su cartera de préstamos en Argentina. ¿Podría sobrevir a semejantes pérdidas? ¿Y qué pasará cuando el Brasil, México y otra docena de países se unan a Argentina para anunciar quitas de sus deudas con el FMI, y demás? ¿Quién sobrevivirá entonces?

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