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Nos enfrentamos a un “fascismo con rostro verde” y así debemos llamarlo

7 de octubre de 2021 — El tipo de hiperinflación que está tomando vuelo en todo el planeta, declaró ayer Helga Zepp-LaRouche en su videoconferencia semanal del Instituto Schiller, es lo que su esposo advirtió de manera singular cuando el Club de Roma comenzó a impulsar su consigna antihumana de los “límites al crecimiento” a fines de la década de 1960. Se trata de una política schachtiana, dijo LaRouche en ese momento, en referencia a la política del infame ministro de Finanzas de Hitler, que introdujo los métodos de austeridad drástica y recorte del gasto, que condujeron directamente a los campos de concentración y a los hornos de gas. Esta es la estrategia actual de los oligarcas prominentes que dirigen la economía mundial, afirmó Zepp-LaRouche, que ahora promueven abiertamente en sitios tales como el semanario londinense The Economist del 4 de octubre, en un artículo titulado, “The Age of Fossil-Fuel Abundance Is Dead” (La era de la abundancia de combustibles fósiles ha muerto) y en el nuevo libro de Klaus Schwab, Stakeholder Capitalism (Capitalismo participativo), como el oscuro futuro que pretenden imponer. Zepp-LaRouche afirmó que se trata de un “fascismo con rostro verde”, y se debe identificar como tal para movilizar a la población para derrotarlo.

Además de destruir la economía física del mundo, estos oligarcas están empeñados en atacar la idea de la creatividad humana, que es la única fuente de innovación que ha demostrado, como lo escribió LaRouche, que “No hay límites al crecimiento”. Y al mismo tiempo, esos mismos oligarcas están llevando a cabo provocaciones contra China que podrían conducir a la guerra. Zepp-LaRouche reiteró su concepto de que los esfuerzos de colaboración entre las naciones, incluidas Estados Unidos, Rusia y China, para reconstruir a Afganistán y Haití, pueden ofrecer la base para superar esta amenaza, por lo demás mortal, para la humanidad.

Hay otro sentido en el que la política en marcha, que ha desatado un estallido hiperinflacionario del sistema financiero internacional, es “verde”.

El precio del petróleo crudo ha subido en un 50% desde principios de año, y los políticos y los medios informativos dominantes lo achacan a la “oferta y la demanda”. El precio del gas natural en Europa se ha cuadruplicado este año; el 5 de octubre alcanzó un nuevo máximo de $1.350 dólares por mil metros cúbicos, y a la mañana siguiente del 6 de octubre se había disparado de nuevo a $1.900 dólares; ¿oferta y demanda?

Lyndon LaRouche ridiculizó en diversas ocasiones la idea del libre comercio, la economía de la oferta y la demanda, producto del fascismo liberal británico, la creencia de que la economía la gobiernan “hombrecitos verdes” debajo de las tablas del piso. Por ejemplo, en su presentación principal en una conferencia del Instituto Schiller del 21 al 23 de marzo del 2003, titulada, “Cómo reconstruir un mundo en bancarrota”, celebrada en Bad Schwalbach, Alemania, LaRouche señaló:

“Consideremos la teoría de los ‘hombrecitos verdes’; que es lo que enseñan la mayoría de los economistas, lo que enseñan las personas del libre mercado: se trata de su opinión independiente, como la estupidez de su opinión independiente. ¿En que se basan? Bueno, se basa en gran medida en el empirismo, en los tiempos modernos. Consideren el empirismo de Hobbes. Pero el más famoso, el más pertinente para nuestro propósito aquí, no es Hobbes, sino más bien gente como John Locke, un verdadero fascista en potencia; se le dice liberal; es por eso que a veces los liberales se vuelven fascistas, como Hjalmar Schacht; Quesnay, el fisiócrata; Adam Smith, Bernard Mandeville, y otras criaturas de la Compañía de las Indias Orientales británica, como Jeremy Bentham. Toda la teoría de esta gente se basa en la teoría de que el universo está realmente controlado por hombrecillos verdes, que operan debajo del piso de la realidad. Y estos tipos, con sus manos invisibles, son los que arreglan el lanzamiento de los dados para que algunas personas sean ricas y poderosas y otras indigentes y miserables. Y esa es la teoría. ¡Es la teoría del libre comercio! No hay nada más que eso”.

Estas políticas de libre comercio han desatado ahora un estallido hiperinflacionario combinado con un colapso schachtiano de la economía física, que amenaza con aniquilar a gran parte de la población mundial. “Esto es algo realmente serio”, subrayó Zepp-LaRouche. “Esto es nada menos que fascismo como lo fue con los nazis… La política verde actual es una locura; es fascismo con rostro verde. Va a ocasionar resultados catastróficos si no se da marcha atrás”.

La alternativa de la cooperación internacional en torno a las tareas del desarrollo mundial, encabezada por una alianza de colaboración entre Estados Unidos, China, Rusia e India, tal y como lo planteó Lyndon LaRouche desde hace mucho tiempo, está a la mano fácilmente, declaró Zepp-LaRouche. “El legado de Lyndon LaRouche sigue muy vivo, para disgusto de sus enemigos y oponentes con muerte cerebral”, concluyó.

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