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Este será conocido como el “siglo de LaRouche”

17 de septiembre de 2022 (EIRNS) — Los jefes de Estados de nueve países, que representan alrededor del 25% del producto interno bruto (PIB) del mundo, con más de la mitad de la población mundial, culminaron la conferencia anual de dos días de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), que se llevó a cabo en la histórica ciudad de Samarcanda, en Uzbekistán. La “Declaración de Samarcanda” plantea una fuerza no alineada en el mundo, viva y en buena forma, decidida a forjar un camino para salir del cansado marasmo geopolítico del sistema dolarizado de Londres y Washington. La necesidad que existe de proyectos de infraestructura a gran escala, centrados en la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, es más evidente que nunca, dada la ruptura inducida de las cadenas de suministro de alimentos y energía. Y la necesidad específica de recurrir a las monedas nacionales para saldar las cuentas comerciales ha sido una característica de las reuniones bilaterales entre los países participantes, y también de la declaración final de la conferencia. Lo más importante es que la cortina que escondía al Mago de Oz ahora se está corriendo. 

En el discurso que dio el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, señala que la OCS está situada de manera única para ocuparse de los “cambios fundamentales e irreversibles” en la economía y la política mundial. La OCS tiene “una parte considerable de los recursos naturales del mundo” junto a “un poderoso potencial intelectual y tecnológico”. Están surgiendo nuevos “centros de poder”, fuera del mundo dominado por el dólar, capaz de actuar, no en base a “algunas reglas, que nadie ha visto” y que se les imponen, sino sobre la base de los principios universalmente reconocidos del estado de derecho internacional y de la Carta de la ONU, es decir, la seguridad igual e indivisible, “el respeto a la soberanía, los valores nacionales y los intereses de cada uno”. Estos principios “están desprovistos de todo elemento de egoísmo”. 

Aunque, la OCS está formada oficialmente solo por nueve países, centrados alrededor de China, India y Rusia; sin embargo, muchos países evalúan los acontecimientos en Samarcanda, y encuentran un renovado espíritu de Bandung, del Movimiento de Países No Alineados, devolviendo a la vida las esperanzas y los sueños de un mundo en el que los países avanzados y los países en desarrollo gocen y se beneficien mutuamente de la fortaleza de cada uno, en lugar de calcular cómo aprovecharse de la debilidad del vecino. 

Uno podría pensar que el 16 de septiembre hubo un brote de sentido común. 

Sin embargo, entre algunas élites occidentales se extiende una locura muy arraigada, una especie de infección mental del “baile de San Vito”. Por ejemplo, una manifestación clínica de la enfermedad fue la escenificación del teatro kabuki por parte de la Junta del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), echando al traste colectivamente la realidad, al “constatar” que el personal de seguridad ruso en la central nuclear de Zaporiyia amenaza con una catástrofe nuclear, evidentemente porque se induce a las fuerzas de Kiev a lanzarles proyectiles de artillería. Federico Schiller escribió sobre esta enfermedad en su obra Guillermo Tell, en la que los súbditos se ven forzados a inclinarse ante un sombrero colocado en una estaca, en un humilde paso de la montaña, cumpliendo con la esclavitud mental inducida que requieren los oligarcas. 

La forma manifiesta de esta enfermedad mental sigue siendo el impulso demente de que la guerra sustituta de Occidente en Ucrania contra Rusia va a derrotar militarmente a este país, va aislar a China, y va a destrozar a ambos países. O que, en aras de una nueva ronda monetarista, tratando de maquillar una burbuja de derivados financieros que tiene metástasis, se lleve a 7.000 u 8.000 millones de personas a la pobreza extrema, la enfermedad y la muerte prematura. 

El espíritu del Movimiento de Países No Alineados, que ahora se ve dinamizado y orientado en torno a los diseños estratégicos autoconscientes de un moderno Gottfried Leibniz, como Lyndon LaRouche, es el verdadero modo de “cambiar las reglas del juego”. Como aludió Serguéi Glazyev, ministro de la Unión Económica Eurasiática, en su mensaje de conmemoración del centenario del nacimiento de Lyndon LaRouche: el genio de LaRouche y su valor inquebrantable, miró de frente los problemas reales, evocó la fuerza intelectual y la visión para diseñar soluciones adecuadas a la profundidad del problema, y un grupo de pensadores y líderes, habiendo estudiado tales soluciones, cobraron el valor para pelear por ellas. Un verdadero nuevo diseño económico mundial: si no es ahora, ¿cuándo?

 

Para mayor información escriba a preguntas@larouchepub.com

 

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