Escritos y discursos de Lyndon LaRouche

LaRouche en Conferencia del Colegio de Profesionales de Ciencias Económicas de Guatemala
"Necesitamos una Nueva Sociedad Mundial Fundada en el Desarrollo"

A continuación, publicamos el texto del discurso inicial pronunciado por Lyndon LaRouche en la videoconferencia que sostuvo con el Colegio de Profesionales de Ciencias Económicas de Guatemala, el 13 de noviembre de 2001. El texto completo del videoconversatorio, incluyendo las preguntas y respuestas, será publicado en el próximo número de la revista Resumen Ejecutivo de EIR.

LaRouche fue presentado por el doctor Juan Francisco Ramírez Alvarado, presidente del Colegio. El moderador de la reunión fue Carlos Wer.

LaRouche.-
No es inusual que el tipo de crisis que experimentamos en todo el mundo desde los sucesos del 11 de septiembre ocurra al mismo tiempo que la crisis financiera más grande en más de un siglo. Es decir, que nos encontramos en medio de una crisis financiera global que, en sus implicaciones para Europa y las Américas, es peor que la Gran Depresión de los años treinta, de 1929–1933.

Por tanto, al igual que el golpe de Estado de Hitler en Alemania en el 33 fue, en cierto sentido, una expresión legítima de la crisis económica del 29, al igual que el intento de asesinato contra el presidente entrante de los Estados Unidos de aquella época, Franklin Roosevelt, debemos entender que hay una relación entre el tipo de crisis que experimentamos en estos momentos y las grandes crisis financieras. Tenemos que reconocer que las soluciones de las crisis financieras del tipo que enfrentamos, que afectan a América, incluída América Central, no pueden darse a no ser que se aborde la crisis estratégica; que esto va a afectar cómo los gobiernos y otras instituciones definan su política.

Voy a examinarlo desde esa perspectiva. Mientras, todo el mundo está esperando en estos momentos las noticias de Buenos Aires, cuando Buenos Aires inevitablemente tenga que declararse en bancarrota definitiva, lo que causará una reacción en cadena en Brasil, lo que causará una reacción en cadena en España, en la banca española, la cual está muy metida en Argentina, Chile y Brasil; y afectará a todo el hemisferio, incluído México. Así es que tenemos que resolver estos problemas, pero en el marco en el que ocurren.

Si regresamos a 1982, al momento de la Guerra de las Malvinas, nos damos cuenta que han ocurrido cambios fudamentales en América Central y del Sur que han sido desastrosos en sus efectos económicos. La situación económica es peor que la que teníamos en aquella epoca, y sabemos que hay muchas naciones amigas que se han desplomado desde 1982. No sólo Argentina, que en efecto se ha venido abajo, sino también Perú. Ecuador está dolarizado; México depende casi totalmente de sus exportaciones a los EU para sobrevivir. América Central también depende de sus exportaciones. Colombia se desgarra en guerra civil; Venezuela está al borde de una crisis nueva, etc.

Esto es típico de la situación que tenemos en el mundo entero. Hay diferencias en Asia, en el Oriente Medio, diferencias en Europa, pero la crisis es a nivel mundial, y vamos a requerir una solución a nivel mundial.

Las naciones de América Central y del Sur van a tener que hacer que su voz se oiga, expresar sus intereses en las negociaciones internacionales —especialmente las informales, además de las formales— que establecerán qué suerte de sistema financiero y monetario salga de esta crisis, un sistema mundial.

Bretton Woods funcionó

Es obvio que, de 1945 a 1963, y un poco más, el tipo de sistema que estableció inicialmente Franklin Roosevelt en 1944–45, para la postguerra, fue exitoso. Hubo cambios importantes que hizo el gobierno de [Harry] Truman, que cambiaron muchas de las cosas que quería Roosevelt. Pero, pese a las desigualdades, a los errores y abusos, el sistema financiero internacional, de 1945 a 1962, 1963, funcionó. Funcionó de tal modo que la situación en Europa Occidental, en Japón, en la mayor parte de América, mejoró en cuanto a las condiciones de vida, en términos relativos, y permitió cierto grado de mejoras en cuanto a las libertades políticas y personales.

A partir de 1964–1965, hubo un cambio. A partir de 1966–1968, con la campaña de Richard Nixon por la Presidencia de los Estados Unidos, hubo un cambio tremendo en la política estadounidense. Este cambio en la política estadounidense también obedeció a la caída del gobierno de [Harold] McMillan en la Gran Bretaña, y al ascenso al poder de [Harold] Wilson, cuando asumió por primera vez el cargo de primer ministro de la Gran Bretañ. Esto sentó las bases de la destrucción sistemática de la economía física del mundo, y de las relaciones comerciales. La campaña de Nixon también intrudujo cambios parecidos en la política estadonidense. En agosto de 1971, Nixon introdujo un nuevo sistema monetario, el sistema de tipos de cambio flotantes, y de esa forma acabó con el viejo sistema monetario. Y el nuevo sistema monetario de Nixon se destruye en estos momentos. El actual sistema financiero y monetario no va a sobrevivir el futuro inmediato, las próximas semanas; se está autodestruyendo.

Así es que ahora tenemos que proceder a fundar un nuevo sistema monetario y financiero. A mi juicio, el modelo que podríamos adoptar de forma rápida sería como el sistema monetario que tuvimos de 1946 a 1963; un sistema monetario muy proteccionista, con tipos de cambio fijos, con un alto grado de regulación del comercio mundial, de una naturaleza proteccionista, que promueva el crédito, especialmente la extensión de créditos estadounidenses a otros países, a largo plazo, a intereses bajos, para inversiones en obras de infraestructura, para la inversión en la industria, en mejoras de la agricultura. Esta orientación funcionó entonces, y funcionó muy bien pese a ciertas inequidades en cuanto a las pautas del sistema, y va a funcionar de nuevo.

Creo, entonces, que hoy, cuando traten los gobiernos de ponerse de acuerdo para tomar medidas que saquen al mundo de la actual crisis económica, lo más fácil sería recurrir al modelo que hubo desde 1945 y que funcionó hasta 1962; la política que imperó del período de Roosevelt al asesinato del presidente John Kennedy. Esas normas funcionaron; no eran perfectas —son pocos los sistemas perfectos que hay en el mundo—, pero funcionaron y son a las que podemos avenirnos, y que podrían ser la base de la recuperación económica general, junto con otras medidas.

Quiero indicarles cuáles serían las medidas de recuperación. Primero que nada, las condiciones de vida en el mundo hoy día son peores que las que hubo de 1929 a 1933. En las postrimerías de la Primera Guerra Mundial, en las naciones americanas y europeas —o partes de ellas—, desde mediados del siglo 19, es decir, desde la victoria de Abraham Lincoln contra la Confederación esclavista, se había propagado el llamado sistema americano de economía política, como una influencia en México y por Sudamérica. El sistema americano de economía política de List, Carey y Hamilton era muy popular, y los países adoptaron aspectos de esa política con éxito. Esto se continuó en Europa, se continuó en Japón. Hubo un período, de mediados de la década de 1860 a 1929–1933, cuando golpeó la Depresión, en el que habían tremendas reservas, parcialmente ociosas, en la agricultura, en la industria y la en infraestructura, que pudieron movilizarse para impulsar una recuperación económica. Esa fue la base de la recuperación económica de los EU bajo Franklin Roosevelt, en los años comprendidos entre 1933 y el inicio de la Segunda Guerra Mudial.

La crisis de hoy es peor

Hoy día tenemos ya más de tres décadas y media desde que el gobierno de Wilson en la Gran Bretaña y el gobierno de Nixon en los EU introdujeron estos cambios. A lo largo de estos años hemos sufrido un proceso maltusiano de destrucción de la industria, la agricultura y la tecnología en general. Esto se ha empeorado por la llamada deslocalización, por exportar el empleo de los EU y Europa a los países subdesarrollados. Aunque esto resultó en lo que mucho de estos países ven como un beneficio, porque llegaron industrias y aportaron algunos empleos, falta el desarrollo de la infraestructura, el desarrollo de los fundamentos económicos autónomos para una economía estable.

Ahora nos encontramos en una situación, desde principios de este año, en que vimos el desplome de los EU como el importador de último recurso de muchos de los países de Asia, de Sudamérica y demás. Esto ha significado la reducción, por ejemplo, del 50 por ciento o más de las exportaciones que China podría esperar venderle a los EU; Japón se destruye a raíz del derrumbe en los EU; México se ve aplastado a raíz del derrumbe de los EU como importador de último recurso, aunque todavía no se sientan plenamente los efectos.

Ustedes, en América Central, se ven golpeados por el derrumbe de los Estados Unidos como el importador de último recurso. América del Sur se ve afectada por esto. Mientras tanto, el desarrollo infraestructural que debió haber ocurrido se destruyó. El desarrollo agrícola se vio afectado de forma adversa en general, y especialmente en el norte de Brasil, donde tenemos una crisis agrícola. En Brasil tenemos una crisis en cuanto a la energía. Brasil depende de la potencia hidráulica en gran medida para generar su electricidad, y debido a las organizaciones no gubernamentales internacionales no ha podido emplear y desarrollar sus recursos hidráulicos en la Amazonía y en otras partes, y le han negado a Brasil el derecho de desarrollar otras fuentes de energía para suplir sus necesidades. Y Brasil es el país más poderoso de América del Sur y Central en lo económico, y sabemos el aspecto del resto del país también, en base a esto.

Así que, lo que tenemos que reconocer es que la economía estadounidense es una economía débil. Su infraestructura se ha destruído a lo largo de 35 años. La industria norteamericana se ha destruído; la capacidad productiva de su población se ha destruido. Las generaciones disponibles para el empleo hoy día no son tan inteligentes como las que había, digamos, hace 30 años, debido a la caída del sistema educativo y la decadencia de la cultura. La gente no tiene la capacidad, la habilidad, que tenía hace, digamos, 35 años en los EU, y tenemos efectos parecidos en Europa Occidental.

Tenemos entonces una condición peor con la depresión mundial que ya tenemos encima, que ya empezó y se acelera, que la que enfrentamos en 1932–1933.

El potencial de desarrollo eurasiático

Del lado positivo, sin embargo, aunque el derrumbe del sistema soviético fue un fracaso debido a cómo se trató a Europa Oriental y a Rusia... Es decir, en lo económico ha sido un fracaso; hay más libertad para la gente, se ha liberado de los problemas del sistema soviético, pero en lo económico, biológico y cultural, ha sido un fracaso.

Sin embargo, en época reciente —y yo he participado en algo de esto— ha habido un cambio. Allá en 1988 yo pronuncié un discurso televisado que se ha hecho célebre, el 12 de octubre de 1988, en Berlín, en el cual, como parte de mi campaña por la Presidencia de los Estados Unidos, dije ahí, en Berlín, que Berlín debería verse potencialmente como la nueva capital de una Alemania unida. Yo lo dije porque había indicios de que se venían abajo la economías de Europa Oriental y la soviética, y que el derrumbe de las economías de Europa Oriental, de los países del CAME, resultaría en cambios políticos que ofrecerían una tremenda oportunidad para el desarrollo económico. Que los Estados Unidos y Europa Occidental deberían ofrecerle a los países de Europa Oriental, a los países del viejo CAME, obras de desarrollo de gran envergadura.

Yo propuse esa política, lo que se conoció como el Triángulo Productivo Europeo, en 1989–1990. Ampliamos eso en 1992–1993, en una propuesta de un Puente Terrestre Eurasiático, es decir, un sistema de transporte e infraestructura que conectara al Atlántico con el Pacífico a través de Eurasia, para abrir a Eurasia al desarrollo en grande, extendiendose a China, a India y a los otros grandes centros de población del este y el sudeste de Asia, y emplear eso para expandir la economía mundial. Desde entonces, y sobre todo a partir de 1998, desde la crisis de los GKO en Rusia, se han dado grandes pasos acordes con los lineamientos que he propuesto, para unir a Rusia, a China y a India como socios, aliar a las naciones de Asia y de Europa. Se ha progresado en lo tocante a la participación de Europa Occidental en esta alianza, y yo he hecho campaña para que los Estados Unidos sean parte de esta sociedad. Esto podría ser el fundamento para revivir a la raza humana, la economía humana.

Por ejemplo, la característica de China y el sureste de Asia e India es que tienen los grandes centros de población del mundo. Tienen zonas que son muy desarrolladas; las costas de China están bastante desarrolladas; India tiene unos 350 millones de miembros de su población que viven una vida urbana, aunque la mayoría de su población es extremadamente pobre, tal vez más pobre que cuando vivía Rajiv Gandhi, y previamente, la señora Gandhi. Sin embargo, India tiene cierto nivel de tecnología. Japón, por supuesto, es un motor tecnológico, un motor tecnológico para Asia. Corea potencialmente también es un motor de tecnología para el Asia. Así que estos países—Europa Occidental, los EU y estos países de Asia como China— tienen la capacidad para generar el tipo de tecnología que puede levantar a la población pobre de China, India, y del Sudeste de Asia, y empezar a levantarla de su miseria, y crear el fundamento para establecer una exitosa economía moderna. Estos pueblos no pueden en estos momentos atender las necesidades de su población creciente sin semejantes infusiones de tecnología; las fuentes de esta tecnología tienen que ser los países que tienen las fuerzas laborales y las destrezas, y que sean capaces de volverse productores de la tecnología que necesitan esos países.

Por tanto, podemos vislumbrar una sociedad mundial dentro y entre países en base al desarrollo de la infraestructura a gran escala, fundada en el desarrollo de la agricultura moderna, en su forma moderna, basada en tecnologías nuevas; basada en el desarrollo de nuevas técnicas; basada en el desarrollo de nuevas ciudades, de nuevos pueblos, en levantar la capacidad productiva de la fuerza de trabajo; basada en mejorar la cantidad de educación para la población en las partes más pobres del mundo, para que los hijos de esas familias pueden hacerse miembros productivos de una sociedad moderna. Esta colaboración requiere acuerdos que duren de veinticinco a treinta años, acuerdos a largo plazo. Requiere crear un nuevo sistema monetario semejante al que hubo de 1945 a 1963, el viejo sistema de Bretton Woods en el que las tasas de interés y los préstamos sean préstamos a largo plazo —es decir, de 25 años, por ejemplo—, entre naciones, a bajas tasas de interés de 1 a 2%, con muchas donaciones directas y demás, para los países más pobres.

En base a esto pudiéramos reconstruir en los países que tengan el potencial tecnológico, reconstruir nuestra industria para satisfacer no sólo las necesidades de nuestros propios países, sino las de Asia, por ejemplo. En colaboración con Egipto podríamos tener paz en el Oriente Medio, también abriríamos el Africa al desarrollo. Al sur de donde están ustedes sentados ahora, en Suramérica, hay un continente vasto, con vastos recursos que casi no se han desarrollado y hay una tremenda despoblación en relación al potencial de la región. Tenemos una de las áreas de mayor potencial del mundo para este tipo de proyecto, desde la Patagonia hacia el norte. Toda Suramérica y Centroamérica pueden desarrollarse.

En términos concretos, tenemos sobre el tapete, entre otros proyectos que se debaten en Rusia, en los Estados Unidos y en Canadá, el desarrollo de un sistema de túneles y puentes que vinculen a Siberia a Alaska, y la idea es crear un sistema de transporte para mover carga y pasajeros de Siberia a través de Asia a Alaska, bajar por Canadá, a través de los Estados Unidos, a través de Centroamérica, a Sudamérica, y así integrar de forma eficaz las economías de Asia, Centroamérica, Sudamérica y Norteamérica. Así que éste es uno de los grandes proyectos que tenemos ante nosotros.

Cuestión política

Tenemos grandes oportunidades, por un lado, y también grandes catástrofes, grandes problemas, por otra parte. Yo creo que podemos resolverlos todos; sólo se requiere la decisión política.

En cuanfo a decisión política: vemos en el mundo hoy día, como lo veo yo, la situación de que, con la excepción del nuevo presidente de Rusia, Vladimir Putin, quien ha demostrado una buena imaginación y competencia, tenemos gobiernos muy pobres, en general, muy débiles, comparados con los que tuvimos, digamos, hasta los sesenta, setenta o principios de los ochenta. Los políticos son, en general, de muy baja calidad; la población no está tan educada, su carácter moral es más débil. La gente no piensa en el largo plazo, piensa en mañana por la mañana, en oportunidades inmediatas; no piensa en el futuro, en dos o tres generaciones por venir. Así que tenemos políticos pobres, partidos políticos malos; una clase política muy pobre.

Sin embargo, tenemos una situación desesperada, y si pensamos en los dos millones o más años que lleva la raza humana viviendo en este planeta, y en todas las necedades que los seres humanos se han hecho a sí mismos y a otros a lo largo de la historia conocida y antes, lo sorprendente es la bondad de la humanidad, tal que de todos estos desastres que la humanidad se ha acarreado a sí misma, con frecuencia algo ha surgido que permite crear un renacimiento de la cultura, y algunas veces, por la naturaleza misma del hombre, lo que causa los grandes avances en la cultura, las grandes mejoras de la condición humana son las peores crisis; crisis tan terribles que le dicen a la raza humana: "Humanos, se están portando como una caterva de tontos, y por tanto tienen que hacer algo para dejar de ser tontos". Y a veces ese encararse con la necedad, obliga y anima a la gente a encontrar dentro de sí misma la capacidad de la razón, de la bondad, de levantarse y hacer algo bueno para que el mundo se mueva en una mejor dirección.

Esto fue esencialmento lo que ocurrió con Roosevelt en los Estados Unidos durante la Gran Depresión, en 1932–1933. Teníamos una situación desesperada; teníamos una situación moralmente desesperada; como algunos de ustedes que son mis contemporáneos tal vez recuerden, la degeneración moral en los veinte era asquerosa. Entonces vino la Gran Depresión, y todas las ilusiones y las cosas asquerosas que la gente hacía, de repente, cayeron en crisis. Y llegó Roosevelt en 1932, cuando era candidato a la Presidencia —hablo de Franklin, no Teddy—, y dijo: tenemos que acordarnos del hombre olvidado. El hombre olvidado era el americano típico que sufría debido a las condiciones que prevalecían en los EU en los veinte por los efectos de la Depresión, y Roosevelt en esa campaña electoral, se ganó al pueblo estadounidense, y sus primeros esfuerzos como presidente, en 1933, inspiraron a la nación más y más, para que emprendiera las grandes tareas de las que ha dependido esta civilización en gran medida desde entonces.

Vemos lo mismo en la Alemania de la postguerra, una Alemania que había emergido de la dictadura de Hitler, y que con [Konrad] Adenauer empezó a levantarse, a reconstruirse con un gran esfuerzo moral; con un buen sistema educativo que posteriormente fue destruido. Vimos también cosas como ésas con [Charles] de Gaulle en Francia, y lo vimos también con De Gasperi en Italia. Vimos cosas parecidas en América, en varios momentos, en Brasil y en otras partes.

Así que, a veces, de las grandes catástrofes surgen grandes líderes que evocan una respuesta en la población, y yo creo que nos encontramos en uno de esos momentos. Tenemos que ver las cosas así, no cruzarnos de brazos como un hombre en la trinchera que quiere eludir la batalla y espera a que le dejen caer encima una granada. Tenemos que pensar como dirigentes. Tenemos que tener la esperanza de que podemos llegar a la gente, y encontrar la forma de animarla. Tenemos que inspirarla, inspirarla por el hecho mismo de que no tiene otra alternativa que cambiar de curso. Y tal vez cuando la gente vea que tiene que cambiar de curso, ahora, como en previos renacimientos, podamos tener un gran renacimiento.

Creo que nuestra tarea es pensar con claridad; reconocer el hecho de que este sistema monetario descabellado que nos ha regido durante los últimos 35 años, sobre todo a partir de 1971, fue un desastre. Tenemos que abandonar el cambio de valores que ocurrió hace 30 ó 35 años. Tenemos que regresar a los valores básicos de la economía física; el dinero es importante, pero solamente como un medio de intercambio. El objetivo de una economía es aumentar la capacidad productiva de la fuerza de trabajo; de mejorar el nivel de vida; de crear un futuro para una población creciente; de realizar el potencial de este planeta para su desarrollo, bajo el genio humano. Tenemos que regresar a esa forma de pensar.

Y yo creo que algunos de ustedes, entienden lo que quiero decir.

Gracias.

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