La “desintegración controlada” de la economía mundial ya está en marcha y avanzada
Esta transcripción fue publicada en la edición del 5 de junio de 2026 de la Executive Intelligence Review (EIR).
El siguiente texto es una transcripción ligeramente editada de la ponencia que presentó Dennis Small, director de EIR para Iberoamérica, en la Mesa Redonda de Emergencia de EIR, “La guerra contra Irán y la ‘desintegración controlada’ de la economía mundial”, el 15 de mayo de 2026. Los subtítulos fueron añadidos. La interpretación simultánea de las ponencias de ese día puede verla aquí.
Lo que quiero abordar hoy es la cuestión de la desintegración controlada.
Vamos directo al asunto. Estamos pasando por un muy mal momento y estamos presenciando una gran perturbación de la economía mundial. No hay duda alguna de eso.
Todos sabemos que el 20% del petróleo mundial pasa por el estrecho de Ormuz, así como el 20% del gas natural licuado, el 35% de los fertilizantes, etc. Lo que sucedió cuando cerraron el estrecho de Ormuz, y no por Irán; fue bloqueado por la guerra de agresión no provocada de Estados Unidos e Israel contra Irán; fue algo totalmente predecible y sabido, y mi argumento es que además fue intencional.
Ahora, voy a poner dos ejemplos extremos para que se entienda mejor la idea sobre esto. Echemos un vistazo a India, un caso extremo porque es el país más poblado del mundo, con alrededor de 1.500 millones de habitantes. Es el tercer mayor consumidor de petróleo en el mundo. Importa un 87% de su petróleo, y la mitad de eso pasa por el estrecho de Ormuz. En India, según los informes que he leído, el precio de la gasolina en las estaciones de servicio no ha subido para los consumidores, mientras que en Estados Unidos ha aumentado un 50%, al igual que en otros países. ¿Por qué?
Porque el gobierno de India ha absorbido el golpe. Ha soportado la peor parte de la carga subsidiando el precio en las gasolineras. Se espera que el costo de las importaciones de petróleo de India aumente de $175.000 millones de dólares en el 2025, a aproximadamente $265.000 millones en el 2026. Ahora bien, esto no es algo que no tenga un costo para India, ya que lo que vamos a ver —y esto ya se ha anunciado— son las dificultades en la balanza de pagos a las que se enfrenta claramente India, en el marco del actual sistema internacional, debido a sus importaciones de petróleo.
Esto va a dar pie a una guerra financiera de gran envergadura contra India. La City de Londres y Wall Street lanzarán una campaña para provocar una fuga masiva de capitales de la India con el fin de obligar al país a adoptar una postura de sumisión. India no va aceptar eso así nomás.
Ahora, veamos el impacto de esta política de "desintegración controlada" en la población hondureña, que ya se ha visto obligada a emigrar masivamente a Estados Unidos debido a la devastación económica a la que ese país ha sido sometido durante décadas por las políticas de Wall Street. Desde antes de que golpeara la crisis actual, alrededor del 11% de la población de Honduras había emigrado hacia Estados Unidos.
Centroamérica, incluyendo a Honduras, importa un 75% de los fertilizantes que utilizan en la agricultura. El precio de esos fertilizantes importados acaba de subir un 50%. Esto va a someter a la situación en Honduras a una presión insoportable. El 25% del PIB (producto interno bruto) de Honduras son remesas de trabajadores hondureños en Estados Unidos; el 32% de la población hondureña tiene menos de 15 años de edad.
Así que haz cuentas y piensa en lo que va a pasar en Honduras. Tomemos como ejemplo los productos farmacéuticos, de los que depende toda Centroamérica y los cuales tienen que importar: India produce el 65% de los ingredientes activos farmacéuticos (IAF) a nivel mundial, que son utilizados para manufacturar antibióticos, insulina, y productos que todo mundo necesita. India depende de las materias primas petroquímicas que atraviesan el estrecho de Ormuz para producir esos ingredientes activos farmacéuticos. En un futuro inmediato, en Centroamérica habrá muy pocos o ningún medicamento de los que se necesitan.
El mismo panorama se puede aplicar a África. Quise darles una idea de cómo se ve esto en un país muy grande y también en uno muy pequeño. Aquí estamos tratando con un colapso económico físico de toda la economía mundial.
La economía física es un proceso vivo
La economía del mundo no es el dinero. Si fuera solo el dinero, pudieras deshacerte de $2.000 millones de dólares, o $2 billones de dólares, o $2.000 billones de dólares, y no importaría. Sin embargo, eso no se puede hacer en un proceso vivo como una economía física.
No pueden sencillamente eliminar lo que llaman la “cadena de suministro”—que yo creo que es un nombre tonto, pero espero que capten la idea. No se puede sencillamente acabar con el 20% del petróleo o con la tercera parte de los fertilizantes. Esto produce un proceso irreversible en la economía física, como lo que sucedería con un ser vivo. No se le puede simplemente sacar el corazón a una persona y esperar que el cuerpo continúe viviendo, solo porque el peso del corazón es menos de un 1% del peso total del cuerpo.
Esto es a lo que nos enfrentamos hoy. Lo que estamos viendo es una enorme implosión física y económica de tal tipo que no hemos visto desde la Era de Tinieblas en el siglo 14. ¿Un costo monetario de la guerra de $4 billones de dólares? Eso es lo de menos. Es solo dinero.
Lo que realmente estamos presenciando es la destrucción de la capacidad de sustentar a hasta mil millones de personas en todo el planeta como resultado de lo que ha sucedido hasta ahora. Y esto es solo el comienzo.
Ahora bien, la pregunta que obviamente nos viene a la mente a todos es, bueno, ¿y esto, por qué está sucediendo? ¿Acaso no sabían que esto sucedería si bloqueaban el estrecho de Ormuz? ¿Es que son así de estúpidos o es que están tan locos? Bueno, yo tengo una respuesta muy sencilla.
Esto es deliberado. Sabían qué iba a pasar, y lo hicieron con toda la intención. Y la pregunta no es, “¿Es que son así de estúpidos o es que están así de locos?”. Las dos cosas. Pero la pregunta correcta es, “¿Están tan desesperados así?”. Y la respuesta a eso es un rotundo “Sí”.
Su política es la “desintegración controlada”. Ahora, déjenme darles una idea de lo que es realmente esta política, y dónde se inició.
Primero hablemos de Paul Volcker. El 9 de noviembre de 1978, Paul Volcker, quien era entonces presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, dio la Disertación Conmemorativa Fred Hirsch en la Universidad de Warwick, Inglaterra. (Hirsch había sido director financiero de la revista londinense The Economist y asesor económico principal del FMI, y otras cosas). Volcker dijo lo siguiente: “Una desintegración controlada en la economía mundial es un objetivo legítimo para la década de 1980”.
La Gráfica 1 indica lo qué hizo Volcker cuando recibió las riendas de la Reserva Federal. Para diciembre de 1980, había subido la tasa de interés preferente en Estados Unidos al 21,5%. Como está documentado en una investigación hecha hace años por un colega mío, Richard Freeman, el efecto de las tasas de interés de un 21.5% fue un colapso, en términos per cápita, de la producción estadounidense de máquinas-herramienta que se redujo en un 45%, la de excavadoras en un 53%, la de automóviles en un 44%, la de acero en un 49%, y así por el estilo. Esto fue completamente adrede, y fue una desintegración controlada.
El efecto que tuvo esto en países menos desarrollados, el mal llamado Tercer Mundo, fue un proceso que nosotros hemos llamado “la aritmética de los banqueros”. Las tasas de interés subieron de tal manera que, entre más pagaban los países del Tercer Mundo, más debían. Veamos el caso de Brasil.
Como muestra la Gráfica 2, en 1980 Brasil debía $72.000 millones de dólares en deuda extranjero. Durante los siguientes 18 años, pagaron $146.000 millones de dólares solo en pagos de intereses. ¡Pagaron más del doble de lo que debían originalmente! Y cuando ese proceso terminó, no habían pagado la deuda todavía; al contrario, la deuda se había elevado hasta los $231.000 millones de dólares. En otras palabras, $72.000 millones menos $146.000 millones es igual a $231.000 millones. Eso solo sucede bajo la aritmética de los banqueros.
Entonces, ¿de dónde viene realmente esta política? No viene de Volcker. Se origina en un estudio que fue preparado por algo llamado 1980’s Project (Proyecto de la década de 1980), que lanzó el Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York en 1977, con la publicación de una serie de 33 libros, uno de los cuales se titulaba Alternatives to Monetary Disorder (Alternativas al Desorden Monetario). El autor de ese libro fue Fred Hirsch, el mismo Fred Hirsch a quien Volcker homenajeó en su discurso sobre política económica de 1978. Hirsch es una de las personas clave que propuso la desintegración controlada en ese estudio del Proyecto de la Década de 1980, que se convirtió en la política del gobierno de Jimmy Carter.
Desintegración controlada y maltusianismo
Lyndon LaRouche tuvo unas cuantas cosas que decir sobre toda esta política de desintegración controlada. En una carta abierta dirigida al Congreso de Estados Unidos, escrita el 16 de octubre de 1979, unas cuantas semanas después de que Volcker asumiera la presidencia de la Reserva Federal, LaRouche escribió:
Por la presente, solicito la destitución inmediata del recientemente nombrado presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker... En declaraciones públicas anteriores, el Sr. Volcker se ha mostrado partidario de una doctrina de “desintegración controlada” tanto de la economía de Estados Unidos como de la economía mundial... medidas que constituyen un esfuerzo eficaz por sumir a la economía estadounidense en la miseria, el caos y la confusión, en unas condiciones que, en última instancia, son peores que las vividas durante la Gran Depresión de la década de 1930... Una depresión no es necesaria. Cualquier funcionario que adopte una política de “desintegración controlada” de la economía de Estados Unidos está involucrado en un acto de traición que socava la seguridad general de nuestra nación en esta coyuntura.
Ahora, esta política no vino de los británicos en 1978. Viene de mucho más atrás, y se llama maltusianismo. Tal vez recuerden que Thomas Malthus escribió unos comentarios como el que sigue de 1791, donde anima e impulsa la reducción de la población, y si es necesario, como dijo, “provocar el regreso de la peste” como medio necesario para reducir la población, de forma intencional.
Deberíamos facilitar, en lugar de empeñarse en impedir de forma insensata y vana, el curso natural de la naturaleza en lo que respecta a esta mortalidad; y si tememos las visitas demasiado frecuentes de la horrible forma que adopta el hambre, deberíamos fomentar diligentemente las otras formas de destrucción, a las que forzamos a la naturaleza a recurrir. En nuestras ciudades deberíamos estrechar las calles, hacinar a más gente en las casas y propiciar el regreso de la peste.
Esto no se quedó allí con Malthus. Bertrand Russell dijo exactamente lo mismo en 1951, que es una de las razones por las cuales Lyndon LaRouche lo llamó el hombre más malvado del siglo 20. Russell también pidió que la peste negra se extendiera por todo el mundo.
Hasta ahora, la guerra ha resultado decepcionante en este sentido [el control de la población], pero quizá la guerra bacteriológica resulte eficaz. Si una peste negra pudiera propagarse por todo el mundo, una vez en cada generación, los sobrevivientes podrían procrearse libremente sin que el mundo se poblara en exceso.
Y más recientemente, el príncipe Felipe, quien tal vez recuerden fue el padre de Carlos III, hoy rey del Reino Unido. El príncipe Felipe en 1988 dijo:
Cuanta más gente haya, más recursos consumirán, más contaminación generarán y más conflictos habrá. No tenemos opción. Si no se controla de manera voluntaria, será controlado de manera involuntaria por medio del aumento de enfermedades, hambruna, y guerras... En el caso de que yo reencarnase, querría regresar como un virus mortal, a fin de contribuir en algo a resolver la superpoblación.
Trump y el acuerdo de Mar-a-Lago
Desafortunadamente el maltusianismo es una política vigente en la actualidad. Fue explícitamente declarada en el Memorando de Estudio de Seguridad Nacional 200: Implicaciones del Crecimiento de la Población Mundial para la Seguridad de EU e intereses de ultramar (NSSM-200), de Henry Kissinger, terminado el 10 de diciembre de 1974, pero que no fue hecho público sino hasta mucho después; establece que “tenemos que prestar ayuda para el control demográfico en diversos países”, es decir, reducir la población. Los países que nombra el NSSM-200 son, India, Bangladés, Pakistán, Nigeria, México, Indonesia, Brasil, Las Filipinas, Tailandia, Egipto, Turquía, Etiopía, y Colombia. Y estoy seguro de que desde que se escribió eso, Irán ha sido añadido a esta lista, de hecho. Y lo que dice el documento, en sus propias palabras, en las palabras de Kissinger:
Los verdaderos problemas del abastecimiento de minerales [que Occidente necesita —nota del editor] no residen en la suficiencia física básica, sino en las cuestiones político-económicas relacionadas con el acceso…
En los casos extremos en los que la presión demográfica da lugar a hambrunas endémicas, disturbios por la comida y el colapso del orden social, esas condiciones no son precisamente propicias para la exploración sistemática de yacimientos minerales ni para las inversiones a largo plazo que requiere su explotación.
Voy a traducir esto al lenguaje llano: “Tienen minerales. Si dejamos que crezca su población, ellos van a tratar de utilizar esos minerales. No vamos a dejar que eso suceda. Nosotros queremos esos minerales. Por lo tanto, vamos a reducir su población”.
Pero eso no se detuvo con Kissinger. No se trata únicamente de los estudios del Proyecto de los ochenta del Consejo de Relaciones Exteriores. No es solo el clérigo Malthus, Bertrand Russell, y el príncipe Felipe, y demás.
Stephen Miran, el principal asesor económico del Presidente Trump (fue director del Consejo de Asesores Económicos hasta hace unos meses, cuando Trump lo nombró para la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal, para tratar de imponer una política de tasas de interés más bajos) desarrolló una propuesta política en el 2025 que llamó el “Acuerdo de Mar-a-Lago”, modelado en el Acuerdo Plaza de 1985 que impusieron Kissinger y otros. Miran se graduó en Harvard, y también estuvo en Fidelity Investment y Hudson Bay Capital Group. O sea que es representante de los grupos especulativos, conocidos de otra manera como la clase Epstein. Tenía una propuesta política de cuatro puntos. Díganme si algo de esto les suena familiar.
Primero: una devaluación forzada del dólar para de manera deliberada desinflar la deuda de Estados Unidos. Porque si tienen una gran inflación, el dólar cuesta mucho menos. Y si devalúas el dólar, $1 billón de dólares de hoy son $1.000 millones de dólares mañana. Así que devaluamos el dólar y reducimos la deuda. Bueno, eso realmente no ha funcionado del todo. La última vez que lo verifiqué, la deuda pública era de $39 billones de dólares. Ahora bien, reconozco que eso fue la semana pasada, así que es muy posible que a estas alturas ya haya alcanzado los $40 billones de dólares.
Segundo: eleven los aranceles, sustancialmente, para el resto del mundo, con la idea, dice Miran, de incrementar las manufacturas en Estados Unidos. Porque si no dejamos que los extranjeros exporten sus productos a nuestro país, aumentará la producción interna, argumentó. Bueno, ¿como va eso? Los aranceles se han disparado y siguen subiendo; y más tarde fueron declarados ilegales por el Tribunal Supremos. Pero con respecto a las manufacturas en Estados Unidos, en más de 11 meses de los últimos 12, el empleo en las manufacturas en Estados Unidos se ha desplomado. De manera que las manufacturas se están colapsando gracias a esta brillante política.
En tercer lugar, dijo Miran, puesto que el dólar llegará a ser tan dominante a nivel mundial, lo que deberíamos hacer es vender bonos del Tesoro con un plazo de 100 años, a lo que llamó “Century Bonds” (Bonos del Siglo). Ahora bien, ¿quién en su sano juicio va a invertir en bonos a cien años de cualquier país, y mucho menos de Estados Unidos, en plena crisis? Miran estimó que, de esta forma, podría alargar la deuda del Tesoro a lo largo de 100 años, de modo que no hubiera que preocuparse por el rápido aumento del pago de los intereses de dicha deuda, que por cierto, ya supera el billón de dólares al año. Bien y ¿cómo salió eso? No tan bien ¿verdad? Porque lo que ha sucedido con la deuda del [departamento del] Tesoro, es que Estados Unidos se ha visto forzado a vender letras del Tesoro de cada vez más corto plazo, a consecuencia de la especulación con letras del Tesoro a corto plazo que desató el gobierno de Trump con su Ley GENIUS, que abrió las compuertas a la especulación en las llamadas “monedas estables” y otras formas de criptomonedas.
Y cuarto, Miran argumentó que la fortaleza de las fuerzas armadas de Estados Unidos, y no los mercados, es lo que se necesita para imponer estos cambios. El sistema moderno, recalcó, es “transaccional” y no es impulsado por el mercado. ¿Les suena familiar?
Dos conceptos del ser humano
La conclusión a la que llego después de todo lo dicho anteriormente es que lo que estamos enfrentando no es un accidente o una equivocación en las guerras en curso y en el colapso económico. No enfrentamos una guerra de recursos. Estamos ante una guerra de despoblación con una política deliberada de destrucción demográfica para mantener el control sobre la burbuja especulativa global de $2.400 billones de dólares.
Solo comparen las dos declaraciones siguientes. Primero, la del príncipe Felipe en 1988, cuando dijo que “el crecimiento de la población humana es probablemente la amenaza singular de largo plazo más grave para la sobrevivencia. Nos espera una catástrofe de grandes proporciones si no se le pone freno”.
Y luego lo que escribió Lyndon LaRouche en 1983, que es exactamente la antítesis de todo este enfoque malthusiano:
El hombre se diferencia fundamentalmente de las bestias... El hombre tiene potencial de razón, tiene el poder para hacer descubrimientos creativos que hacen avanzar su conocimiento científico, y para convertir esos avances científicos en avances en la tecnología... Si en cualquier momento detenemos el avance tecnológico, la sociedad suficientemente tonta como para hacer tal cosa, se estará condenando a perecer.
Ese concepto que les estoy presentando, es la base para resolver la crisis actual, las guerras de despoblación que se están llevando a cabo, de las cuales la guerra contra Irán es un ejemplo, y para revertir el programa de desintegración controlada, de acuerdo con las propuestas y programas que Lyndon LaRouche y Helga Zepp-LaRouche, fundadora del Instituto Schiller, han presentado anteriormente.







