Sistema financiero llega a su fase final; ya ni con viagra se levanta


por John Hoefle

Washington (EIRNS)—Con las principales corporaciones —tales como WorldCom y Xerox—, explotando como cohetes de las celebraciones del Día de la Independencia, con los mercados accionarios del mundo hundiéndose en el abismo luego de la efervecencia de la burbuja, y con crisis financieras que se salen de cauce desde Brasil hasta el Japón, el pánico se propaga a todo vapor por el mundo. La recuperación que tanto se cacareó que iba a darse en el segundo trimestre de 2002, nunca ocurrió, y pese la insistencia de los propagandistas de que la economía anda bien aun si los mercados financieros no, cada vez hay una mayor comprensión de que la economía mundial está en caída libre.

El cambio de fase que experimenta la economía mundial se ve no sólo en el desplome de las bolsas de valores, sino en el del dólar y la fuga de las inversiones a monedas más seguras, y en la crisis de la deuda en Iberoamérica, especialmente en Argentina y Brasil.

Dada estas circunstancias, el economista y precandidato a la Presidencia de los Estados Unidos, Lyndon LaRouche, es de la opinión de que en las próximas semanas el mundo enfrenta un período de creciente turbulencia política y financiera, en el que será imposible manejar el sistema financiero y económico. Este período de turbulencia, dice LaRouche, no puede pasar más allá de agosto, septiembre o, a más tardar, octubre, y por lo tanto, es de esperarse que para entonces veamos alguna aventura militar horrible, tal vez hasta una guerra general.

Como sería de esperarse en el mundo irreal del mismo sistema financiero, se ha tratado de culpar de los problemas a los "bribones" cuya codicia hizo víctima de un sistema inocente, pero los intentos de buscar un chivo expiatorio resultan menos eficaceces cada vez que ocurre otro suceso negativo. El problema no yace en algún abuso que se le haya echo al sistema, sino en el sistema mismo: es el intento desesperado de mantener el sistema a flote lo que ha engendrado esta racha de ficciones contables, y lo que se ha revelado hasta el momento es tan sólo la punta del témpano de las pérdidas encubiertas, de los haberes inflados y de los muertos que caminan.

La intervención de LaRouche es un antídoto crucial a este derrumbe. Los llamados reiterados del megaespeculador y narcolegalizador George Soros y otros, para que se levante un "muro de dinero" para salvar al sistema, tan sólo intensificarían la caída en una espiral hiperinflacionaria como la que casi se detonó al tomarse medidas parecidas cuando el sistema financiero mundial estuvo a punto de fundirse en 1998. Sólo la propuesta para un nuevo Bretton Woods de LaRouche, con el cierre ordenado del sistema globalizador quebrado, y un regreso a los principios sanos del crecimiento de la economía física, puede prevenir el caos. Literalmente es: o LaRouche, o el acabose.

El muro de dinero

A mediados de los 1970, en reacción a la crisis de derivados que se desarrollaba principalmente tras bambalinas, las grandes instituciones financieras angloamericanas emprendieron un operativo de guerra financiera, de acaparación monetaria, contra el Sudeste de Asia. Esta orgía de saqueo, que en Occidente se denominó "la crisis asiática", fue pasmosa tanto en su criminalidad, como en su estupidez. Al acabar con la región de más rápido crecimiento en la economía mundial, los banqueros también acabaron con una buena parte de las ganancias extranjeras de las trasnacionales estadounidenses. Los financieros continuaron con sus desmanes en 1998, emprendiendo un ataque a Rusia.

En el cuarto trimestre de 1998, Rusia contraatacó con una moratoria a la deuda y una devaluación, lo que causó el pánico entre los especuladores. Los mercados financieros mundiales se congelaron, mientras que los inversionistas corrieron a refugiarse en la relativa seguridad de los bonos gubernamentales de EU y Alemania, lo que resultó en la quiebra del gigantesco fondo especulativo Long-Term Capital Management (LTCM), y en el derrumbe callado de otras instituciones prominentes.

Los gobiernos y bancos centrales de Occidente respondieron con lo que llegó a conocerse como el "muro de dinero", inundando los mercados de liquidez, y fomentando cuanto truco de contabilidad fuera necesario para restablecer la apariencia de solvencia, y con ello la confianza del público.

La curva del viagra

Una de las consecuencias del muro de dinero fue el alza aguda de los principales mercados de valores del mundo, mismos que habían caído durante la llamada "crisis de Rusia". Desde su cotización más baja en el cuarto trimestre de 1998, hasta su punto más alto a principios de 2000, el Nasdaq subió 256%, el Russell 2000 subió 95%, el Wilshire 5000 subió 71%, el Standard & Poor 500 subió 60%, y el índice industrial Dow subió 56%, mientras que el principal índice francés subió 134%, el alemán 109%, y el italiano 108%. Con el desplome del Nasdaq, en marzo de 2000, los mercados mundiales empezaron a caer, desliz del cual no se han recuperado, ni se recuperarán. Desde el máximo que alcanzaron a principios de 2000, hasta el 28 de junio de 2002, el Nasdaq cayó 71%, el Wilshire cayó 36%, el Standard & Poor 500 cayó 35%, el Russell 2000 cayó 24%, y el Dow cayó 21%. En Europa, el mercado alemán cayó 46%, el francés 44%, el italiano 41%, y el inglés 33%, mientras que el Nikkei japonés cayó 49%.

Lo importante no son las cifras exactas, sino el proceso que reflejan: un alza aguda en los mercados debido a la inyección de lo que podía llamarse viagra financiero, y una caída aguda cuando cesó el efecto estimulador.

Los mercados bursátiles hoy día están a los mismos niveles que tenían en 1997 y 1998, pero sosteniendo una carga mucho más grande de deuda y otros agregados financieros, lo que agrava en mucho la situación. Un reflejo de este peligro es la sarta de empresas de relieve que están declarándose en quiebra en estos momentos.

La fase del obituario

Por ejemplo, vean el drama del derrumbe de WorldCom, que de repente descubrió que una supuesta ganancia de tres mil ochocientos millones de dólares se esfumó de la noche a la mañana. Contrario a lo que se ha dicho en público, las instituciones financieras y de regulación desde hace meses harto sabían los problemas de WorldCom, por lo que impulsaron la salida de su presidente, Bernard Ebbers, a fines de abril.

WorldCom, que se levantó con veintenas de adquisiciones y cayó bajo el peso de unos 30 mil millones de dólares en deuda, empezó a irse a la quiebra el 21 de junio de 1999, cuando sus acciones llegaron a un máximo de 64,50 dólares cada una. Un año después habían caído a 40 dólares por acción. En junio del 2001, andaban a 15 dólares por acción, y para principios de junio del 2002, se habían desplomado a un dólar con 55 centavos cada una. El 25 de junio, las acciones de WorldCom cerraron a 33 centavos de dólar, y ese mismo día, después del cierre, fue que se anunció que las ganancias habían sido exageradas previamente. Al día siguiente, dejaron de cotizarse las acciones de WorldCom en el mercado. Cuando abrió la bolsa el siguiente día, el 1 de julio, los inversionistas abandonaron a WorldCom en desbandada, y el preció cayó a 6 centavos de dólar por acción.

La revelación de sus problemas sirvió como el anuncio de defunción de WorldCom. En esta fase de obituario, la defunción de WorldCom se anunció con mucho cuidado para que no cundiera el pánico en los mercados y entre la población. En muchos respectos, fue una rescenificación del affaire Enron.

Habrá muchos más anuncios necrológicos semejantes en los meses venideros, a medida que empresas más grandes que Enron y WorldCom anuncian que han muerto. Xerox, que exageró sus ganancias por 6 mil millones de dólares, es una a la que hay que pelarle el ojo, y circulan rumores —que se han negado— de que General Motors también ha venido falsificando sus libros. Otra empresa a la que hay que pelarle el ojo es a la General Electric, la cual obtiene como la mitad de sus ganancias de su brazo financiero, y tiene un papel de peso en el mercado de los derivados. General Electric ha hecho cientos de adquisiciones en años recientes, lo que le ha dado muchas posibilidades de jugar juegecitos de contabilidad, y se sabe que es dada a manipular sus declaraciones financieras para "sacarse el gordo" todos los trimestres.

Encima, están los bancos, encabezados por J.P. Morgan Chase y Citigroup, que no sólo tienen miles de millones de dólares en cartera vencida de estas compañías moribundas o muertas, pero que probablemente estén jugando juegos aún más descabellados con sus propias carteras de derivados.

La economía mundial se encuentra ahora cuesta abajo de la montaña, rumbo a las profundidades del abismo. Las únicas interrogantes pendientes que tiene el mercado ahora mismo es qué tan profundo, y qué tan rápidas serán las caídas. Lo que hemos visto hasta ahora, es sólo el principio.