Economía Resumen electrónico de EIR, Vol. I, núm. 7

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LaRouche y la cruda realidad empujan a Alemania hacia la razón

por Rainer Apel



La campaña electoral de Helga Zepp-LaRouche se hace sentir en Alemania. Aquí aparece con un cartel que dice "La globalización es piratería. Defendamos el bienestar general".

El estallido en agosto de la crisis económica y estratégica mundial pronosticada por Lyndon LaRouche, se ha hecho sentir en la campaña para las elecciones federales que habrá en Alemania el próximo 22 de septiembre. Las banderas que ha enarbolado Helga Zepp-LaRouche, candidata al Bundestag (Parlamento) ?de un rompimiento con los planes de guerra contra Iraq de los Estados Unidos, y de emprender un programa de recuperación económica "a la Franklin Roosevelt"?, se han convertido en los principales temas de la contienda electoral de Alemania, especialmente dado que más de 4 millones de alemanes, 10% de la fuerza laboral, están sin trabajo. El 29 de julio, Helga Zepp-LaRouche, quien es presidenta del partido BüSo, además de buscar la representación de Berlín-Mitte en el Bundestag, sostuvo una conferencia de prensa conjunta en Berlín con Nancy Spannaus, la candidata demócrata larouchista al Senado de los Estados Unidos por el estado de Virginia. La señora LaRouche planteó lo que hasta entonces ningún otro partido político había osado plantear: tomar acción contra el "derrumbe financiero y la amenaza de guerra". Este es la principal consigna electoral del BüSo, y el desarrollo del debate político en los primeros días de agosto ha demostrado cuán en lo correcto está el movimiento de LaRouche. En medio de los cada vez más frecuentes informes noticiosos y filtraciones sobre los preparativos y sesiones de planificación en el Pentágono para una guerra contra Iraq, y de las caídas diarias de las bolsas de valores del mundo, muchos políticos alemanes han empezado a advertir que hay una estrecha relación entre las aventuras militares y el empeoramiento de la depresión económica mundial. El 7 de agosto se marcó un hito, cuando el canciller alemán Gerhard Schröder ?que hablaba de una supuesta "recuperación, cuyos efectos sólo se sentirán después, desafortunadamente"?, advirtió en una entrevista con el periódico Bildzeitung, que una nueva guerra de Iraq causaría una "crisis económica mundial". A crear empleos, dice la Comisión Hartz Asimismo, el 5 de agosto, uno de los principales semanarios de Alemania, Der Spiegel, filtró la noticia de que la Comisión Hartz del gobierno, llamada así por su presidente, Peter Hartz, había cambiado su perspectiva en materia de incentivos económicos y el mercado laboral, y que ahora está considerando un programa intensivo de 3 años para la creación de 1 millón de empleos nuevos. Estas plazas de trabajo se crearían a través de un nuevo fondo especial de unos 150 mil millones de euros (más o menos la misma cantidad en dólares), en su mayor parte en el sector de las Mittelstand ?empresas pequeñas y medianas de tecnología avanzada?, sobre todo en proyectos de desarrollo de infraestructura en el este de Alemania, una región muy golpeada por la depresión. Este cambio es aún más sorprendente porque el canciller Schröder estableció la Comisión Hartz en marzo de este año con un propósito diferente, el de salir con algo que hiciera a la gente olvidar lo que él dijo hace 4 años: que no merecería la reelección si no bajaba el número de desempleados a menos de 3,5 millones de personas. En estos momentos, el desempleo oficial está muy por encima de 4 millones de personas. Hasta ahora, las propuestas de la Comisión Hartz para "reformar los mercados laborales" pretenden reducir el desempleo cortando las prestaciones para los desempleados y ajustando los procedimientos administrativos. Supuestamente, esto incentivaría a los desempleados a tomar el millón y medio de empleos supuestamente vacantes en el sector privado. Mientras la economía se viene abajo a gran velocidad (y con ella, como lo muestran las últimas encuestas de opinión pública, las posibilidades de reelección de Schröder), Hartz y otros miembros de la comisión aparentemente llegaron a la conclusión de que se tenía que hacer algo más. Así que recogieron conceptos que sólo habían sido desarrollados antes por Zepp-LaRouche.


En varias declaraciones de campaña, la señora LaRouche ha exigido que se adopte un planteamiento económico como el que planteó el economista Wilhelm Lautenbach en septiembre de 1931, en lo más álgido de la Gran Depresión. En las circunstancias actuales, eso significa usar el Kreditanstalt für Wiederaufbau (KfW, el Banco de Reconstrucción de la posguerra) para programas de infraestructura y empleo. Un nuevo mecanismo de financiamiento Hartz está proponiendo que se inviertan 150 mil millones de euros en infraestructura, en la creación de nuevas empresas de Mittelstand, y en ampliar las capacidades de las existentes. El dinero vendría de la emisión de bonos especiales, que él llama "salvatrabajos". Hartz recomienda que el programa no sea financiado a través de los bonos normales del gobierno, porque aumentaría la deuda pública, lo que violaría el infame "criterio de Maastricht", que constriñe el tamaño del déficit presupuestal y el endeudamiento del gobierno, por lo que constituye un gran obstáculo a la capacidad del gobierno a tomar medidas para superar una depresión económica. Más bien, dice Hartz, el KfW, que sirvió como la locomotora para levantar a Alemania de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, debe emitir los bonos salvatrabajos, garantizados por el Estado, pero aparte del presupuesto. Además, deben darse incentivos fiscales especiales para atraer a los pequeños inversionistas, una especie de "ahorros de los trabajadores" subsidiados por el Estado. Hartz también propone una amnistía para los evasores fiscales que ilícitamente transfirieron capital al exterior, si traen ese capital nuevamente al país y lo invierten en estos bonos del KfW. De este modo, podría generarse una buena parte de los 150 mil millones de euros previstos para el plan, aún si sólo regresa una pequeña parte de los 300 a 400 mil millones de euros que se sospecha fugados. La idea de convertir el capital golondrino en "bonos de infraestructura", fue planteada en julio por el precandidato presidencial estadounidense para 2004, Lyndon LaRouche, y publicada por el semanario Neue Solidarität. Al mismo tiempo, Zepp-LaRouche instó a la "construcción de una red de líneas del Transrapid", comparables a la actual red ferroviaria de Alemania, de unos 12.000 kilómetros. Esto "crearía millones de trabajos" en los sectores de tecnología avanzada y de la construcción, y "causaría un gran salto en el potencial productivo de la economía en su conjunto". Zepp-LaRouche dijo que los inversionistas que están abandonando el dólar o los mercados bursátiles saben que "en tiempos de crisis, a fin de cuentas, sólo los bonos del Estado son `seguros', siempre y cuando se usen para inversiones verdaderas en la economía física. Por tanto, una forma de financiar una red Transrapid para Alemania, u otros proyectos de infraestructura, sería emitir bonos para este propósito por varios cientos de miles de millones de euros a través del KfW. En las circunstancias actuales, los bonos de infraestructura ?bonos del gobierno limitados a grandes proyectos de infraestructura? son una posibilidad para traer de regreso muchos miles de millones de euros a la economía física, salvándolos así de ser arrasados por el derrumbe financiero en curso". Aunque la Comisión Hartz no ha precisado el tipo de proyectos que propone, su sorprendente iniciativa es un paso en la dirección correcta. Semejantes avances no pueden menos que ser alentados, porque se necesitan con urgencia.

Italia crea fondo para financiar grandes obras; adopta el modelo alemán

por Claudio Celani


Con el Ispa podrían construirse redes ferroviarias modernas con trenes de levitación magnética, como el que aparece en la foto.

El gobierno italiano ha decidido pasar por alto las restricciones presupuestarias del pacto de Estabilidad Europeo (el acuerdo de Maastricht), que ha impedido hasta ahora las grandes inversiones en infraestructura, creando un organismo externo al presupuesto de gobierno para vender bonos avalados por él mismo, siguiendo el ejemplo del Kreditanstalt für Wiedaraufbau (KfW) de Alemania. La nueva entidad italiana, llamada Infrastrutture SpA (Ispa) entrará en funcionamiento en septiembre, anunció el ministro de economía italiano Giulio Tremonti el pasado 1 de agosto. Lyndon LaRouche y su movimiento en Italia han identificado el KfW como modelo exitoso digno de imitarse, por el éxito con que ese mecanismo alemán manejó los fondos del Plan Marshall para la reconstrucción industrial de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. La reconstrucción italiana también fue exitosa, pero fue administrada por entidades directamente ligadas a la administración pública, lo cual condujo al aumento de la deuda pública. Tales entidades, tales como la Cassa per il Messogiorno, se han cerrado en aras del fanatismo librecambista; el actual gobierno, si bien no ha rechazado abiertamente esa ideología, ha manifestado la intención de hallar soluciones financieras a la urgente necesidad de modernizar la derruida infraestructura italiana de agua, transporte y energía. Ispa aportará el 50 por ciento del capital requerido para las inversiones enunciadas en un plan estratégico formulado por el gobierno, que se actualiza cada año. Dicho capital se financiará mediante la emisión de bonos de mediano a largo plazo, y el capital faltante será aportado por el sector privado. En el caso de proyectos para los que hay fondos disponibles de la Unión Europea, Ispa pondrá un tercio; los otros dos provendrán de la UE y el sector privado, respectivamente. Tremonti recalcó que el nuevo mecanismo de inversión no hará parte de la administración pública, y que sus estatutos se redactaron siguiendo el ejemplo de la KfW. `La sede hubiese podido ser en Francfort' Haciendo hincapié en las similitudes entre el nuevo organismo italiano y su antecesor alemán, Tremonti dijo: "Si me permiten la broma, casi hubiéramos podido ubicar en Francfort la sede" de la flamante Ispa. Los estatutos del fondo de infraestructura se prepararon en colaboración con el Banco de Italia, que supervisará su funcionamiento. Paolo Raimondi, líder del movimiento larouchista en Italia, dijo que le complace el nuevo suceso: "Hemos propugnado exactamente un tipo de instrumento como la KfW alemana, y estamos complacidos porque el gobierno italiano haya acogido nuestras propuestas". Un informe especial de EIR distribuido en Italia por el movimiento larouchista desde 1998, titulado "Por un Nuevo Bretton Woods", señalaba a la KfW como modelo a seguir y ampliar para financiar la modernización de la infraestructura europea, y para construir el "Puente Terrestre Eurasiático" de transporte y desarrollo entre los dos continentes. La campaña ha desembocado, entre otras cosas, en varias iniciativas parlamentarias en pro de la política de un nuevo Bretton Woods.

Actualmente se halla bajo consideración legislativa una moción firmada por un centenar de senadores y diputados, que insta al gobierno a auspiciar una conferencia sobre el nuevo Bretton Woods, a fin de crear nuevas instituciones que permitan invertir en grandes obras de infraestructura. El gobierno italiano está bajo gran presión de emprender inversiones que alivien los cuellos de botella que vienen paralizando el sistema de transporte italiano. Las obras más urgentes son carreteras nuevas, ya que la gran mayoría del transporte comercial italiano es sobre ruedas. Los más urgentes son los enlaces carreteros este-oeste entre las grandes regiones industriales del norte de Italia, y de ahí a la vecina Eslovenia, que sirve de umbral hacia Europa oriental y los Balcanes. Este eje de transporte sufre actualmente un grave embotellamiento en Venecia, donde el tránsito carretero se paraliza a diario. También urge desatascar el tapón norte-sur entre Boloña y Florencia, que no se resuelve desde los años sesenta; la carretera de Salerno a Reggio Calabria, al sur de Nápoles; y los pasos transalpinos hacia Europa central y occidental (Francia, Suiza y Austria), que debieran tener el doble de capacidad carretera y ferroviaria. Este último tramo ha cobrado aún más urgencia a raíz de un accidente ferrroviario en la ruta de Messina a Palermo el pasado 20 de julio, en que murieron varias personas a raíz del descarrilamiento de un tren en ese trecho de los ancianos ferrocarriles sicilianos, que llevan cerca de un siglo sin renovación. Un puente sobre el Mediterráneo El proyecto más importante de la lista sigue siendo el puente sobre el estrecho de Mesina, para conectar Sicilia con la península italiana. De singular trascendencia también es el sistema hídrico del sur del Mezzogiorno. En julio de este año el gobierno debió compensar a todos los ganaderos de esa región, cuyo ganado fue diezmado por la sequía. Las sequías son cosa común en el sur de Italia, pese a que no falta agua allí. Hay más agua per cápita disponible en Palermo que en Turín, hacia el norte; pero los acueductos son obsoletos, y hasta 80 por ciento del agua se pierde en el transporte. La tercera emergencia es la energética. La producción italiana de energía a duras penas cubre el consumo actual. El Parlamento acaba de aprobar una iniciativa de ley para iniciar inmediatamente la construcción de dos nuevas centrales eléctricas, que sin embargo se tardarán varios años en construcción. Ahora Italia paga el precio de su decisión suicida de abandonar la energía nuclear en 1986, con lo que devino totalmente dependiente de las importaciones de gas y petróleo. Dada la insuficiencia de su generación eléctrica, Italia importa fluido eléctrico ?generado por medios nucleares? ¡de Francia! El gobierno actual se inclina por abandonar esa política antinuclear, pero sigue a la espera de que cambie la "opinión pública". El plan de infraestructura del gobierno aborda todas estas deficiencias apremiantes, y ahora, tras el decreto del 3 de agosto, dicho plan entrará en su fase operativa. Hasta ahora las restricciones impuestas por el Pacto de Estabilidad Europeo a la inversión en infraestructura han determinado un lentísimo ritmo de progreso. La nueva iniciativa del Ispa, con bonos para infraestructura avalados por el gobierno, podría forzar un viraje en la situación al abrir el flujo de capital necesario para financiar de una vez todas estas obras.