¡Cuidado con los gallinazos!


El subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz y
el presidente de los Estados Unidos George W. Bush

Hay alguna gente muy molesta en el gobierno de George Bush. Teme que le hayan quitado su guerra contra Iraq. Por supuesto que nos referimos a los gallinazos, a esos —como el vicepresidente Dick Cheney— que evadieron el servicio militar cuando su patria los requería, pero que ahora quieren mandar a los hijos de los demás a morir en aras de sus locos sueños de establecer un nuevo Imperio Romano.

Estos gallinazos no van a quedarse "volando bajo" mientras les quitan su guerra, dijo Lyndon LaRouche. Quieren guerra contra Iraq, y se jactan, como hizo hace poco el subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz, de que van a tenerla contra viento y marea.

El obstáculo es que el 19 de noviembre, por primera vez en casi cuatro años, los inspectores de armas de la ONU y de la Agencia Internacional de Energía Atómica regresaron a Iraq. Su retorno, luego de que el presidente iraquí Saddam Hussein aceptara la Resolución 1441 de la ONU, "nos da una nueva oportunidad" para la paz, dijo Hans Blix, jefe de los inspectores. "Esperamos que se aproveche para que nos libremos de las sanciones, y para que a la larga tengamos una zona libre de armas de enorme poder destructivo en el Oriente Medio", dijo Blix.

Al mismo tiempo, el presidente Bush, aunque siguió sus amenazas de guerra, dijo: "Espero que no tengamos que ir a una guerra contra Iraq", que Saddam aceptará desarmarse "en aras de la paz".

Así concluyó una fase de una lucha en la cual LaRouche jugó un papel decisivo, esgrimiendo su influencia internacional, y movilizando a sus bases en los EU, que se tiraron a la calles y repartieron millones de volantes desenmascarando a la cábala de los utopistas belicistas (especialmente a los "gemelos malosos", el senador demócrata Joseph Lieberman, y su cara mitad, el republicano John McCain); hizo miles de llamadas; y contactó a políticos y diplómaticos. Lo mismo hicieron sus movimientos fraternales en Alemania, Francia, Filipinas, Australia, Iberoamérica y otras partes. LaRouche mismo viajó por todo el mundo: Italia, Abu Dhabi, Brasil y México; fue entrevistado por décenas de órganos de la prensa mundial, y sus colaboradores se desplegaron a Irán, Rusia, Polonia, etc.

LaRouche instó al Consejo de Seguridad de la ONU a declarar a Bush y a Cheney clínicamente dementes, y a no aceptar la virtual declaración de guerra aprobada por el Congreso de EU. Luego de las elecciones del 5 de noviembre, dijo LaRouche, cambiarían las cosas, pero hasta entonces, había que atascar la guerra.

La movilización creó un ambiente en el que otros empezaron a dar la cara, la resistencia creció y arreció, y Bush aceptó a regañadientes buscar la autorización de la ONU, que le dio largas al asunto hasta pasadas las elecciones de los EU.

Pero, los imperialistas angloamericanos y ciertas facciones de Israel quieren una guerra, y es de esperarse que provoquen incidentes que podrían detonar "una guerra por cálculos equivocados", dijo LaRouche

El 12 de noviembre, LaRouche le dijo a un seminario en Suecia que el riesgo de guerra persiste, porque la resolución de la ONU es mala y deja al mundo en una situación muy peliaguda. Aunque ningún militar de peso de los EU quiere una guerra contra Iraq, y tampoco "le convendría una guerra a los intereses del Presidente para el 2004", el partido guerrerista sigue activo, dijo LaRouche.

Desafortunadamente, los utopistas no carecen de poder. Ya empezaron a atacar a los inspectores de la ONU. "No tiene sentido criticar inspecciones que no se han hecho", respondió Blix. "Ciertamente no ayuda", dijo, y afirmó que detrás de los ataques están los gallinazos de EU. No sólo quieren invadir a Iraq; quieren una guerra religiosa perpetua contra los musulmanes, un "choque de civilizaciones".

Son uno con los facistas jabotinskitas de Ariel Sharon y Benjamín Netanyahu. Algunos de ellos van más allá, y, en el espíritu de Samuel Huntington y Zbigniew Brzezinski, también quieren una guerra contra Corea del Norte, armar bronca contra China y un enfrentamiento estratégico contra Brasil.

No podemos dejar que tomen vuelo los planes belicistas de los gallinazos; hay que acabar con su influencia política, cortarles el alpiste que reciben de la secta de perversión sexual de los moonies. Que aleteen los gallinazos, pero nosotros no cejemos hasta sacarlos del poder.