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Resumen electrónico de EIR, Vol.XXIII, núm. 17

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Estudios estratégicos

 

El enemigo es el oligarquismo

por Jeffrey Steinberg

En noviembre de 1940 la Coordinación de Información (COI), que precedió a la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) de Estados Unidos, preparó un informe clasificado llamado “La sinarquía y la política del grupo Banque Worms”. El documento confidencial empezaba con: “En informes recientes se han hecho varias referencias al poder político creciente del grupo Banque Worms de Francia, el cual cuenta entre sus miembros a ardientes colaboracionistas [nazis] tales como Pucheu, Benoist–Mechin, Leroy–Ladurie, Bouthillier y representantes de las grandes organizaciones industriales francesas”. El informe continuaba: “El movimiento reaccionario conocido como ‘sinarquía’ ha existido en Francia por casi un siglo. Su objetivo siempre ha sido llevar a cabo una revolución sin sangre, inspirada por las clases altas, dirigida a producir una forma de gobierno de ‘técnicos’ (el fundador del movimiento era un ‘politécnico’), en el cual la política nacional y exterrior se subordinaría a la economía internacional. Los objetivos del grupo Banque Works son los mismos que los de la ‘sinarquía’, y los dirigentes de ambos grupos son, en la mayoría de los casos, idénticos”.

El informe de la COI pasa luego a detallar el programa político de la sinarquía internacional, hasta agosto de 1940:

“(a) contrarrestar la ‘Revolution Nationale’ en la medida que su desarrollo podría implicar la creación de un nuevo orden social (en ese entonces Francia estaba bajo el “orden social” de los nazis, luego de la invasión y ocupación de principios de 1940—Ndr.);

“(b) contener cualquier plan social nuevo que pudiera tender a debilitar el poder de los financieros e industriales internacionales;

“(c) trabajar para que los industriales y financieros internacionales tengan el máximo control cabal de toda industria;

“(d) proteger los intereses judíos y anglosajones”.

El documento continúa para señalar que esta trama sinarquista cuenta con una gran simpatía entre algunos círculos nazis clave en Alemania, entre ellos “Göring y el doctor Funk (Walther Funk, quien fue ministro nazi de Economía, presidente del Reichsbank, y representante de la Alemania nazi en el Banco de Pagos Internacionales, luego de Hjalmar Schacht—Ndr.). . . Se dice que ciertas redes industriales de Gran Bretaña también simpatizan con el movimiento. Se alega que se ha hecho cierto progreso en asegurar la adhesión de gran industria estadounidense al movimiento”.

El documento también identificó planes sinarquistas para Gran Bretaña: “Hacer que caiga el Gobierno de Churchill al crear en el país la creencia de que se necesita un gobierno más enérgico para proseguir la guerra. . . y hacer posible la formación de un nuevo gobierno que incluya a sir Samuel Hoare, a lord Beaverbrook y al señor Hore–Belisha. (Nota: la fuente ha agregado que en el grupo Works se cree que esos círculos de Gran Bretaña que están más favorablemente abiertos a sus planes, son los mayores críticos de Churchill, lord Halifax y el capitán Margesson). Y mediante sir Samuel Hoare llegar a un acuerdo entre la industria británica y el ‘bloque’ francoalemán, y proteger los intereses anglosajones en el continente”.

El documento concluye: “En cuanto a Alemania, se espera en última instancia eliminar del terreno político a Hitler, Goebbels y Himmler con su Gestapo, facilitando así la formación de un bloque económico anglofrancogermano”.

Irónicamente, otra instantánea esclarecedora del aparato bancario sinarquista trasatlántico en la víspera de la Segunda Guerra Mundial apareció en la revista Time del 3 de julio de 1939, con el encabezado “Experto del exterior”. El artículo informaba de la llegada a la ciudad de Nueva York del banquero alemán Otto Jeidels, quien fue nombrado socio de la sucursal neoyorquina de Lazard Frères & Co. Según Time: “Lazard Brothers & Co. de Londres es aria y aristócrata, integrante de la camarilla del Banco de Inglaterra, ayuda al movimiento de apaciguamiento en Londres, está a favor de la teoría de que darle concesiones a Hitler traerá al doctor Schacht y su economía ortodoxa de regreso a Berlín. Tiene un negocito altamente lucrativo y de creciente importancia, de ayudar a capitalistas europeos asustados a poner su dinero en buenos y seguros dólares estadounidense. Al otro extremo de este mar de oro que viene de Europa está Lazard Frères de Manhattan, que no es del todo ario ni un conocedor de Wall Street, aunque aún corresponsal (pero ya no socio) de los muy politizados bancos Lazard de Londres y París. El Lazard de Manhattan asegura valores y, sobre todo, hace un gran negocio con el cambio de divisas. Invaluable para esta cámara de compensación de nuevo oro en lingotes y capital foráneo será Jeidels, quien es amigo de Montagu Norman, tiene acceso a escoger los conductos continentales hacia Hitlerlandia. . . En Alemania hay una frase cínica de que Schacht se las ha arreglado para traicionar a todos menos a dos de sus allegados: uno es Hitler y el otro Jeidels. Schacht le dio el pitazo a Jeidels a tiempo para que saliera de Alemania con su familia antes de que empezara el gran pogromo de 1939. . . Schacht pudo proteger a Jeidels, porque su contacto con el cacique de la banca británica Montagu Norman le era útil a Hitler. . . Hasta principios de 1938, Jeidels funcionó a la perfección, tan conocedor como Hitler podía permitirle ser a cualquier banquero judío. Satisfizo a los británicos al no repudiar las deudas, a los nazis, al mantenerlas congeladas, sirvió como mediador entre los nazis y los británicos”.

Por medio de individuos como Félix Rohatyn y George Pratt Shultz, la sinarquía ha penetrado a los dos partidos políticos principales de EU, y mediante esta penetración, ha sembrado a agentes sinarquistas, conscientes e inconscientes, en los poros del gobierno federal, desde la Casa Blanca, hasta prácticamente cada agencia del gabinete, el Congreso y el sistema judicial. (Fotos: llnl.gov y Dan Surman/EIRNS).

Estos dos informes, uno, un expediente clasificado de la inteligencia estadounidense durante la guerra, y el otro, un reportaje de una revista noticiosa muy difundido, representaron dos elementos ejemplares de un voluminoso archivo de documentos —públicos y clasificados— del período de 1930–1945, que detallaba la participación del cartel bancario e industrial internacional entonces conocido —y aun hoy— como la “internacional sinarquista”.

El director de la División de Investigación y Análisis de la OSS durante la guerra, William Langer, detalló el papel que tuvo la sinarquía en la Francia de Vichy, en su libro Our Vichy Gamble (Nuestra apuesta a Vichy) de 1947. Tres años después James Stewart Martin, un abogado de la División Antimonopolios del Departamento de Justicia de EU, quien, desde 1944–47, encabezó la unidad de descartelización del gobierno de ocupación estadounidense en Alemania, publicó sus propias revelaciones sorprendentes sobre el mismo cartel sinarquista internacional en su libro All Honorable Men (Todos hombres honorables) de 1950.

Estos y otros recuentos contemporáneos reflejan un profundo entendimiento, dentro de las instituciones de gobierno estadounidenses que Franklin Roosevelt encabezaba entonces, de que una oligarquía financiera internacional, de arriba a abajo, se había contado entre los patrocinadores principales de los regímenes nazis y fascistas que trajeron la guerra y la devastación al continente eurasiático, en un esfuerzo fallido por crear un mundo poswestfaliano sin Estados nacionales soberanos y dirigido por una dictadura de banqueros internacionales. De no haber sido por la movilización de Franklin Roosevelt del poderío industrial y moral de EU, estos sinarquistas muy bien podrían haber llevado con éxito al planeta al abismo de una nueva Era de Tinieblas.

Entonces y ahora

Estas perspicaces evaluaciones de inteligencia de cuando la guerra sobre la sinarquía global, son de la mayor pertinencia hoy. En efecto, las evaluaciones de la COI u OSS y otras relacionadas sobre la situación en el continente Europeo eran que un cartel anglosajón y francoalemán de financieros e industriales internacionales, el cual conformaba una facción poderosa que financió y controló al eje nazifascista, estaba manipulando a gobiernos europeos a través de agentes con poca o ninguna lealtad a sus naciones, pero con la fidelidad más grande a la sinarquía internacional. Langer cita al embajador de EU en Londres, Nicholas Biddle: “A este grupo debiera considerársele como de franceses, tanto como a sus colegas en Alemania debería llamárseles alemanes, pues los intereses de ambos grupos están tan entreverados que son indistinguibles; todo su interés se enfoca en fomentar sus intereses industriales y financieros”.

Fue esta combinación de banqueros internacionales, entonces, la que financió a Mussolini y luego a Hitler, y la que llevó a Eurasia por una senda de guerra y de casi autoaniquilación, para afianzar su propio dominio de los asuntos económicos y financieros mundiales, sin importar cuál fuera el desenlace de la guerra.

Este aparato estaba en línea, en EU, con los mismos intereses de J.P. Morgan y DuPont cuyas varias intentonas de golpe de Estado contra el presidente Roosevelt se habían frustrado. Entre la red más amplia de enemigos de Roosevelt estaban los intereses de Brown Brothers Arriman —que incluían a Prescott Bush padre, el abuelo del actual Presidente de EU—, que abiertamente habían solventado al partido nazi, y el eje de Wall Street de Dillon Reed, Sullivan y Cromwell que había estructurado los carteles internacionales del acero, el carbón y el petróleo, los cuales incluían a instituciones nazis clave como IG Farben, el Círculo Keppler y el Banco Stein de Colonia, del financiero de la Algemeine SS, Kurt von Schröder. El director de Dillon Reed durante el período entre las dos grandes guerras, William Draper, devino en jefe de la división económica del gobierno de ocupación estadounidense en la Alemania de la posguerra, y aplastó el esfuerzo de James Stewart Martin al suscitar su renuncia y que escribiera Todos hombres honorables. Como Martin descubrió, la intención de los sinarquistas era asegurar la supervivencia y prosperidad de su cartel, independientemente de cuál fuera el desenlace de la guerra.

A la muerte de Franklin Roosevelt en abril de 1945, pronto se estableció, si bien de manera temporal, la férrea garra sinarquista que atenazaba a la Casa Blanca, con la toma de protesta de Harry S. Truman como presidente y con su adhesión en 1946 a la declaración de guerra de la “Cortina de Hierro” de Winston Churchill contra el aliado de guerra de Roosevelt, la Unión Soviética. Para 1948, la mayoría de los financieros franceses y alemanes que eran el núcleo de la sinarquía cuando la guerra, fueron liberados de prisión y exonerados de las acusaciones de traición. El grupo Banque Worms emergió entre los principales financieros y partidarios franceses de hueso colorado del Congreso a Favor de la Libertad Cultural, el frente de guerra cultural de posguerra que fue central en la trama de la “amenaza roja” trasatlántica. El propio Hjalmar Schacht, que fue absuelto en Núremberg, reasumió su función como “mago” financiero de primer orden. A André Meyer, el banquero de Lazard en París al que reubicaron a Lazard Brothers de Manhattan un año después de que Jeidels llegara a Nueva York, perpetuó la sinarquía de Londres–París–Nueva York, y pronto designó a Félix Rohatyn como su sucesor elegido, a quien consideraba “como mi hijo”. Así, la sinarquía ha mantenido una continuidad hasta nuestros días. Por medio de individuos como Félix Rohatyn y George Pratt Shultz, la sinarquía ha penetrado a los dos partidos políticos principales de EU, y, mediante esta penetración, ha sembrado a agentes sinarquistas, conscientes e inconscientes, en los poros del gobierno federal, desde la Oficina Oval, hasta las salas del Congreso, los tribunales y prácticamente cada agencia del gabinete.

El movimiento neoconservador, arraigado en la tradición filosófica de Leo Strauss, Alezandre Kojève y Carl Schmitt, es un semillero importante de la internacional sinarquista moderna. Pero, en ciertos aspectos, el caso de George Pratt Shultz ofrece hoy el perfil más clínico de la sinarquía en acción.

Los sicarios económicos

En 2004 Berret–Koehler Publishers, Inc. publicó un libro que causó un revuelo significativo. Confesions of an Economic Hit Man (Confesiones de un sicario económico), de John Perkins, proporcionó un informe de primera mano sobre la función del cartel internacional moderno de bancos y emporios multinacionales, los cuales trabajan en concierto para saquear la riqueza de materias primas estratégicas y otro patrimonio nacional del sector en vías de desarrollo. La estrategia principal que usaban los sicarios económicos, según el informe de Perkins, era que gobiernos del sector en vías de desarrollo amasaran una deuda enorme, atraparlos en la camisa de fuerza de los dictados del Banco Mundial y el FMI, mientras emporios multinacionales tales como Bechtel y Halliburton los saquean a manos libres, so capa de impulsar el “desarrollo”.

Perkins identificó a George Shultz, ex presidente de Bechtel, ex secretario del Tesoro y ex secretario de Estado de EU, como el rey de los sicarios económicos, el capo dei tutti capi del mismísimo aparato sinarquista que antes llevó al mundo al borde del autoexterminio en 1922–1945.

Sea que Perkins le haya atinado 100% o no al título formal de Shultz como rey de los sicarios económicos, definitivamente sí es la encarnación de la sinarquía. Las lealtades ulteriores de Shultz las sugiere su íntima relación con Jacob Rothschild de Gran Bretaña, a quien él y Warren Buffet de Berkshire Hathaway le mandaron al candidato a gobernador de California, Arnold Schwarzeneger, para que lo examinara y le diera su venia. Shultz también es uno de los principales proponentes en EU de los dogmas librecambistas radicales de la sinarquista Sociedad Mont Pelerin. Su mentor en la Universidad de Chicago, W. Allen Wallis, fue el tesorero fundador de la Mount Pelerin. Shultz sigue siendo directivo del grupo Bechtel, presidente de la Junta Internacional de J.P. Morgan Chase, directivo del grupo Fremont y de Accenture Energy, una firma implicada en las megafusiones y adquisiciones en el sector gasífero y petrolero, con lazos íntimos con empresas angloamericanas.

Hoy Shultz no sólo es el “padrino” del Gobierno de Bush y Cheney, tras escoger a los Vulcanos, el equipo inicial de tutores de George W. Bush e infiltrados en el Poder Ejecutivo que fue responsable del desastre de la guerra en Iraq. Él, junto con R. James Woolsey, revivió el Comité sobre el Peligro Actual, para fomentar un mundo posterior a Westfalia de guerras preventivas a propósito para el cumplimiento del plan sinarquista. En sociedad con Félix Rohatyn, Shultz ha impulsado la privatización de la guerra mediante la proliferación de “empresas militares privadas” (EMP), las cuales, se jactaron abiertamente en una conferencia del Colegio Middlebury en octubre del 2004, representaron una restauración del sistema “neofeudal” que encarnaba la Compañía de las Indias Orientales británica de los siglos 18 y 19.

Shultz y Rohatyn son típicos del agente sinarquista de nivel medio que trabaja en y alrededor de las instituciones de gobierno, en el interés de un programa e ideología totalmente ajenos. Sus lealtades son para con el sistema angloholandés veneciano de usura, globalización, reducción poblacional y esclavitud.

Diciembre de 1971

George Shultz era secretario del Trabajo, jefe de la Oficina de Administración y Presupuesto y secretario del Tesoro con el presidente Richard Nixon. Personalmente dio fin al sistema de Bretton Woods de Roosevelt. Cuando Lyndon LaRouche tildó el desplome del Bretton Woods de comienzo de un descenso al infierno fascista, se le calificó de un “peligro potencial” para la recién inaugurada tiranía global. En un debate en diciembre de 1971 en el Queens College en Nueva York, el último acto de esa clase al que se le invitaría a participar, LaRouche indujo a su oponente, el profesor Abba Lerner, a desenmascararse él mismo como un proponente de la economía schachtiana. Al enfrentarlo LaRouche con las pruebas de las consecuencias lógicas de acabar con el sistema mundial de tipos de cambio fijos y abandonar las divisas mundiales a la manipulación especulativa, Lerner soltó de sopetón: “Si hubieran escuchado a Schacht, Hitler no hubiera sido necesario”.

Si hay una frase que mejor describe el actual plan sinarquista que impulsan los de la ralea de Shultz y Rohatyn, es: “Schacht sin Hitler”. Y si alguien piensa que esto es un avance en relación a la experiencia previa con el nazismo y el fascismo, está por experimentar un duro despertar, de no parar a la sinarquía.