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Resumen electrónico de EIR, Vol.XXIII, núm. 18

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Economķa

 

Por qué ha fallado la inteligencia del Senado de EU

Cómo reanimar una economía real

por Lyndon H. LaRouche

22 de julio de 2006.

Ha de llegarse a muchas conclusiones importantes en razón de la expresión de decadencia cultural vilmente negligente y hasta, como dirían algunos, de suyo traidora del Senado de Estados Unidos, al permitir la virtual destrucción de la industria automotriz estadounidense, con su capacidad estratégicamente decisiva de máquinas–herramienta relacionada, a manos del banquero sinarquista Félix Rohatyn. Aunque la pauta de sofistería que implica este inicuo resultado refleja los defectos culturales típicos del estrato privilegiado de la llamada “generación dorada”, la capitulación del Senado a un reconocido enemigo fascista, su abandono del concepto más esencial de soberanía nacional a favor del fascista Félix Rohatyn, ha ido más allá de la necedad, hasta, en efecto, la virtual traición, aunque al parecer involuntaria —o debiera decir, “sin voluntad”—.

Como he puesto públicamente de relieve en repetidas ocasiones a lo largo de los años, la victoria que encabezó el presidente Abraham Lincoln nos estableció como una potencia continental que no podría ser conquistada por invasores, sino sólo mediante la corrupción. Ahora esa corrupción traidora ha sentado sus reales, a plenitud, en la actuación de las redes del fascista Félix Rohatyn.[1] La noción en la que insiste Rohatyn, de subordinar la vieja soberanía de Estados Unidos de América y de otras naciones a los caprichos de lo que a estas alturas toda personalidad política estadounidense descollante debiera reconocer como la intención declarada de Rohatyn de establecer una nueva oligarquía financiera global imperial al estilo veneciano, es nada menos que un acto de traición a la soberanía de EUA.

Descripción artística del sistema solar. El estudio de Kepler de los armónicos musicales lo llevó a “predecir” la existencia de un planeta desaparecido donde más tarde se descubriría el llamado cinturón de asteroides. (Foto: JPL/NASA).

Esa forma inmoral de desempeño intelectual a este respecto, en esa cámara, la agravó enormidades la capitulación de febrero de 2006 a la tradición del “Jurista de la Corona” nazi Carl Schmitt, en cuanto a la confirmación del juez Samuel Alito. Esta misma incompetencia fue llevada al extremo en el apoyo de pánico que le dio el Senado al de plano insensato ataque israelí contra el Líbano, que no sólo constituye en potencia un acto suicida de los actuales dirigentes descarriados de Israel, sino que podría ser la chispa, como la de la guerra de los Balcanes, del estallido prematuro de la guerra mundial, esta vez como una virtual Tercera Guerra Mundial. Esto amenaza ahora con convertirse en una nueva guerra mundial de una nueva modalidad asimétrica, con implicaciones aun más inquietantes para la civilización futura que las de los dos casos precedentes.

Como debió haberse educido correctamente de la coincidencia de la invasión israelí al Líbano con la modalidad estratégica de los atentados terroristas contra Bombay en India, y también con la reunión del G8, esta intervención de Israel no la motivó él mismo, ni tampoco siquiera la partida pertinente de lunáticos que al presente controla el Gobierno estadounidense. La fuerza que impele esta ola creciente hacia una nueva y tercera guerra mundial, es la alianza de los financieros angloholandeses y los intereses sinarquistas franceses, una que no es sino típica, de manera prominente, de los mismos partidarios franceses del fascismo de 1922–1945 en Europa, tal como Félix Rohatyn representa a esa camarilla hoy día. En ese sentido, esta ola actual de crisis mundiales no proviene de ningún gobierno soberano en particular, sino de la suerte de moho lamoso de una camarilla financiera internacional que al presente se ha ubicado en una posición mundial superior a la de cualquier gobierno.

En la mayoría de estos asuntos referidos ante el Senado, ese órgano tomó, en efecto, medidas en cuanto a la región de todo el Sudoeste de Asia, que iban más allá de un mero desprecio a la asesoría disponible de ciertos elementos calificados de instituciones de inteligencia oficiales y privadas de EUA, incluso de una desatención a excelentes altas jerarquías de nuestros militares profesionales. Obviamente, fue la presión de otras consideraciones, entre ellas las contribuciones de campaña de financieros derechistas y círculos internacionales ligados a George P. Shultz, Félix Rohatyn y demás, no los intereses de EUA, lo que se impuso en la actuación fallida del caso de una mayoría de los miembros demócratas comprados y pagados por el DLC,[2] así como financiamiento similar a la culpabilidad moral de la mayoría de los republicanos.

Como tarde o temprano Dios castiga todo gran pecado de la locura, puedo asegurarles a los congresistas demócratas descarriados del caso que el desdén tanto por lo que han hecho como por lo que han dejado de hacer, ya resuena entre las filas de la población, y se convertirá en tronar entre ahora y noviembre. Deberían recordar los demócratas importantes que, “la confesión puede ser buena para el alma”; en cualquier caso, lo menos que valdría algo para sus carreras ahora serían actos de redención, ojalá mucho antes de la derrota humillante al presente inminente hacia la que, como los lemmings legendarios, marchan ahora para la elección de noviembre.

He sintetizado ese caso en las sesiones —ahora dadas a conocer— del jueves pasado.[3] Pero, con ese conjunto de importantes acontecimientos en mente, debemos proceder a rescatar a esta república y, de modo implícito, a la civilización de la horrenda traición que se le prodiga a EU, una traición que cobra expresión más reciente en los casos de la pérfida violación de la economía industrial estadounidense, cosa que de manera implícita el Senado ha consentido, y la parodia de política estratégica y diplomática de EU en el Sudoeste de Asia y más allá.

El factor decisivo que debe entenderse como la causa de esta degeneración moral que se observa en las patologías señaladas de las directrices de una mayoría de la fracción demócrata del Congreso estadounidense, ha de reconocerse en las cualidades “sesentiocheras” clínicamente distintivas de la sofistería moderna que penetra todo factor de importancia en la negativa de los demócratas del Senado, desde principios de 2005, a bloquear la violación en marcha, que encabeza Rohatyn, de la industria automotriz. Por tanto, a esa luz tenemos que ver la necesidad de defender a la nación de las medidas de suyo pérfidas de Félix Rohatyn y compañía. Esa decadencia en la fracción del Senado comenzó así, con artificio, al modo de una avalancha, en mayo de 2005, y luego aceleró, para emerger en la forma que lo hemos visto desde mediados de febrero de este año.

El fascista Félix Rohatyn (izq.) —aquí departiendo con su compinche Donald Rumsfeld— pretende subordinar la soberanía de EUA a una nueva oligarquía financiera global imperial de corte veneciano. (Foto: Stuart Lewis/EIRNS).

El origen de esta perversidad manifiesta en las filas del órgano legislativo, y más en general en la sociedad, es con claridad una tendencia patológica de la condición prácticamente de “lavado cerebral” de la generación de lo que hoy debiéramos reconocer como el estrato del veinte por ciento de las familias de mayores ingresos, que anda entre los cincuenta y sesenta y cinco años de edad, y también esos estratos sociales de la misma generación que representan niveles de ingreso relativo menores, pero que han llegado a compartir las inclinaciones ideológicas de los sesentiocheros de Europa y las Américas. Esa decadencia entre estos estratos se compara mejor, en términos clínicos e históricos, con la degeneración de los “sesentiocheros” de la Atenas de Pericles, quienes llevaron a su propia cultura a la autodestrucción mediante la guerra del Peloponeso, una política bélica de la que se hace eco, tal como la misma enfermedad se hace eco, de la orientación que condujo a la supuesta elección del presidente George W. Bush hijo en 2000 y 2004, y a las políticas bélicas y la virtual traición relacionada del período que inició con la conmoción del 11 de septiembre de 2001.

Así, la nueva guerra del zafio presidente George W. Bush hijo en un Iraq que se desintegra se ha convertido, para nuestra nación, en lo que los crímenes contra la humanidad que Atenas perpetró contra el pueblo de Melos significaron para el llamado “Partido Democrático de Atenas”. De modo que la Atenas de Pericles se perdió ella misma, con idéntica calidad de degeneración en la sofistería que la que se ha ilustrado de nuevo recientemente en el Congreso estadounidense, con un mayor acento en la fracción del Partido Demócrata del Senado corrompida por el DLC.

Sólo con el reconocimiento de las tendencias sesentiocheras observadas en la decadencia moral de la conducción del Partido Demócrata en los últimos meses, como un reflejo de la enfermedad del sesentiocherismo que re remonta a las influencias satánicas de agencias de la sofistería moderna como el Congreso a Favor de la Libertad Cultural de Sidney Hook, y la American Family Foundation (Fundación de la Familia Americana) y el Comité sobre el Peligro Actual relacionados, nos sería posible salvar a la nación, como si se tratase de cualquier enfermedad epidémica o pandémica. Así tenemos que diagnosticar y tratar la enfermedad cultural actual de ciertas instituciones descollantes. Tenemos que emplear la comprensión de la naturaleza de la profunda corrupción que condujo a esto, la degeneración hoy evidente del estrato principal de nuestras instituciones que toma las decisiones.

A ese respecto, la lectura del siguiente material, que aborda el método necesario para pronosticar las consecuencias extremas de que sigamos porfiando, ha de guiarla un estudio cuidadoso, en especial el de quienes quieren calificar para aplicar los correctivos con urgencia necesarios a la perspectiva y la política estratégica estadounidense.

1.  Por qué la mayoría de los pronosticadores son unos farsantes

En el transcurso de bregar con las implicaciones de estas atrocidades sesentiocheras, hace poco me presentaron un ejemplar de un ensayo técnico sobre cuestiones económicas.[4] En mi respuesta aquí al meollo del razonamiento de ese documento, me veo obligado a hacer hincapié en una cuestión de principio que también es de importancia fundamental para entender la causa de principio más frecuente del fracaso de incluso algunos funcionarios de inteligencia de otro modo maduros y capacitados en materia de inteligencia estratégica. Esa exposición tiene que ver directamente con la naturaleza del desafío que representa una serie de medidas políticas de suicidio colectivo implícito tomadas por la mayoría del Senado estadounidense, así como con otros apartados pertinentes. El tratamiento que le doy aquí a ese asunto es de la mayor importancia para definir las directrices de nuestra república hoy en peligro.

Un equipo del Movimiento de Juventudes Larouchistas trabaja con animaciones (de izq. a der.): Jason Ross, Delante Bess, Will Madurski y Brian McAndrews. “El objetivo es liberar la mente de la estupefacción que el satánico Zeus olímpico exigía que se le impusiera a una humanidad degradada a los límites intelectuales prescritos para el ganado humano de un Satanás oligárquico”. (Foto: Brian McAndrews/EIRNS).

Tiene que dársele marcha atrás a “la pérfida violación de la economía industrial estadounidense”, de modo que tecnologías del siglo 21, como este tren de levitación magnética o maglev en Shangai, China (descripción artística), puedan convertirse en una realidad.(Foto: Transrapid).

El documento de William Nordhaus al que me refiero me lo hicieron llegar porque se enfoca en un campo de la investigación económica que parece tener algunas similitudes superficiales con mi programa de larga data para usar animaciones computarizadas como una herramienta de análisis económico. El material del antedicho documento que critiqué no es inservible, tiene un valor periférico, pero carece de penetración alguna en las características esenciales de las funciones macroeconómicas de la vida real como tales y, por ende, tiende a despistar al autor y a los lectores de su informe, al apartar la atención de la identificación de lo que debieron ser los objetivos que adoptaron.

El problema a este respecto, que ahora abordo aquí, trata un asunto comparable a errores frecuentes en el ejercicio de la inteligencia estratégica, no sólo como en el reciente desempeño miserablemente errado del Senado de EU, sino incluso entre lo que de otro modo son valiosos organismos respetables de especialistas profesionales en inteligencia.

No obstante, a pesar del hecho de que el autor de ese documento no logra su objetivo primario establecido, es de urgente interés público que diagnostique el origen de sus dificultades a ese respecto, como sigue:

Mis propios descubrimientos originales principales en el campo de la ciencia de la economía física que fundó Godofredo Leibniz, se efectuaron, en lo principal, en el intervalo de 1948–1953, en reacción al fraude terrible que sustentaba la noción establecida por el profesor Norbert Wiener de la “teoría de la información”. Técnicamente, las pretensiones incompetentes de Wiener a ese respecto se hacían eco de la misma partida de matemáticos fracasados que aborrecían a Leibniz, como D’Alembert, De Moivre, Euler y Lagrange, a quienes Carl F. Gauss había refutado de manera rotunda en su tesis doctoral de 1799. El resultado del razonamiento de Gauss a este respecto, fue que su seguidor, Bernhard Riemann, formuló los principios esenciales de las hipergeometrías físicas, empezando con su disertación de habilitación de 1854.

Como he informado con frecuencia en las últimas décadas, a fines de los 1950 ataqué los defectos conceptuales entonces acumulados de Tjalling Koopmans y compañía, al plantear un método que denominé, fundado en el razonamiento de Riemann, conceptos “económicos dinámicos”, conceptos que propuse podían aplicarse a sistemas de computación digital como un remedio parcial a las necedades inherentes al uso de la programación lineal para el análisis económico.[5] Este método adoptado ha formado parte clave e integral de mi obra excepcionalmente exitosa del intervalo de 1958 a la fecha en el campo de la prognosis económica de largo aliento.

En estos momentos está preparándose un modelo muy necesario, ubicado en términos históricos, del principio de fondo pertinente de la ciencia física, cuya intención es enmendar un poco la educación de los economistas profesionales y otros —como es muy necesario— en los enfoques reformados ahora indispensables del análisis y la programación de temas económicos fundamentales.[6]

Desde esos tiempos, mi enfoque se ha fundado en las pruebas de que el comportamiento económico exitoso de las naciones y las sociedades en general lo define un principio físico universal, un principio específico de la cognición humana que es intrínseco del ser humano individual y su especie, pero que está ausente en todas las formas inferiores de vida animal. Por este motivo, el intento acostumbrado de los economistas y contadores de tratar la economía prácticamente como una rama de la ecología animal, como lo hacen, en el peor de los casos, los “ideólogos posindustriales”, es de una ineptitud profesional intrínseca.

Por motivos relacionados, toda tentativa de interpretar las características de largo plazo de la economía nacional o mundial con los métodos de la mecánica estadística raya en la charlatanería, como, por ejemplo, la locura tanto del ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan como de los artificios matemáticos de Myron Scholes y compañía. Scholes fue en gran medida responsable de elaborar la política que provocó el desplome del fondo especulativo LTCM en 1998 y, por consiguiente, fue un factor indirecto que contribuyó, de ese modo y a ese grado, a la desgracia criminal relacionada que de forma injusta Enron le infligió a sus víctimas y, con justicia, a sí misma. En general, por tales motivos, la mayoría de los pronósticos económicos recientes que ha emitido el gobierno federal o especialistas privados, o son deliberadamente falsos, o tan sólo del todo incompetentes.

El enfoque necesario para acabar con la incompetencia imperante de los pronósticos económicos más publicitados hoy día, depende de una perspectiva del significado de ciclos económicos contraria a todo supuesto axiomático que esa gente errada considera actualmente como propio.

A la luz de la verdadera interdependencia que existe entre las medidas económicas y los procesos, por un lado, y la gran estrategia de largo plazo de las naciones, por el otro, la ineptitud de los métodos de pronóstico económico son la base de errores crasos que pueden resultar incluso fatales para las naciones que los adoptan, como es el caso en general de las instituciones principales de EUA y de las naciones de Europa Occidental y Central al presente.

Entendamos los ciclos económicos

Como toda la física matemática moderna competente se funda en los logros primordiales de Johannes Kepler, el razonamiento a plantear para explicar la incompetencia intrínseca de la mecánica estadística en la economía empleará la imagen de una órbita planetaria, como la definen los descubrimientos únicos originales de Kepler, para definir una cualidad pronosticable de verdaderos ciclos de largo plazo en una economía. Esa enseñanza de Kepler para la economía actual es el mejor remedio fundamental a los errores intrínsecos de los métodos invariablemente errados que han empleado los economistas estadísticos en general en las últimas décadas.

Así, con fines pedagógicos aquí, lo que por lo general se considera como ciclos económicos de largo plazo puede compararse, en términos amplios, con el método científico que descubrió Kepler para definir los ciclos orbitales. A este respecto, podemos comparar los resultados esperados y los reales de un proceso económico, en el largo lazo, con el caso de la diferencia entre un ciclo orbital astronómico calculado y el verdadero.

Para ilustrar el asunto, considera lo siguiente:

En este sentido, el ciclo económico que EUA experimentó tras la Segunda Guerra Mundial ha pasado por tres fases de carácter cíclico distintas, desde la muerte del presidente Franklin Roosevelt hasta el presente.

Primero, 1945–1965, desde la muerte de Roosevelt hasta el comienzo de las insensateces de la guerra de EU en Indochina.
Segundo, el período de transición de 1965–1971, de la destrucción preliminar del sistema monetario de Bretton Woods, en lo principal mediante las medidas que el primer Gobierno de Harold Wilson del Reino Unido tomó en 1964–1967. Este sabotaje británico deliberado del funcionamiento del sistema de Bretton Woods conforme a las normas en uso, coincide con la subsiguiente función destructiva que tuvieron los llamados “sesentiocheros” en contra del sistema de Bretton Woods.
La tercera fase ha continuado con la destrucción de las economías de las Américas, Europa y África bajo la influencia de la involución que hubo después de 1971, con la forma de los tipos de cambio flotantes del sistema del FMI y el Banco Mundial.

Esta tercera fase tuvo tres subfases: la primera, de 1971–1981, fue la destrucción de la economía estadounidense mediante la “desregulación”; la segunda, la destrucción que ocurrió con las medidas económicas del presidente Ronald Reagan, en especial las de su gobierno después de 1983; y la tercera, la fase de locura total que siguió a 1987, como la representan las estafas de los derivados financieros con el presidente de la Reserva Federal Alan “Burbujas” Greenspan. La subfase más reciente de los disparates de Greenspan, con el presidente G.W. Bush hijo, es la que algún estudioso de la historia romana antigua querría calificar de “nerónica”.

El remedio a la incompetencia intrínseca que al presente se enseña como economía en las universidades y círculos profesionales relacionados, es doble:

Primero, reconocer la especificidad de los ciclos económicos en la sociedad como absolutamente distinta del dominio de la ecología animal. Desde la perspectiva de la ciencia económica, las doctrinas vigentes del Gobierno estadounidense en cuanto a cuestiones que atañen a la economía nacional y mundial son de una demencia tan clínica como la política y práctica estratégica del Gobierno de Bush en general.
Segundo, suspender los intentos académicos populares y relacionados de pronosticar (y analizar) desde la perspectiva de la mecánica estadística, pues sólo los métodos dinámicos asociados con la obra de seguidores de Kepler tales como Leibniz, Gauss, Riemann y demás son competentes. Todo pronóstico moderno con el que he topado en el ámbito mundial es irremediable y sistemáticamente inepto, en virtud del método de razonamiento empleado para formularlo.

Al presente estoy trabajando con una selección de talentosos adultos jóvenes que son una promesa excepcional por sus contribuciones futuras a logros científicos pertinentes. Parte de mi propósito en el proyecto inmediato sobre las animaciones, es demostrarle a los profesionales inteligentes y a otros el enfoque apropiado de los métodos en el uso de animaciones computarizadas de datos, condado por condado, por períodos de dos o tres generaciones, que muestran los factores determinantes que hoy son la causa de catástrofes o recuperaciones en la economía estadounidense (en particular).

El documento de William D. Nordhaus, Geography and Macroeconomics (Geografía y macroeconomía), tiene ciertos aspectos útiles, pero no alcanza a captar la importancia para la prognosis económica del descubrimiento original de Kepler de las órbitas planetarias. (Foto: sitio electrónico de William D. Nordhaus).

Esta labor tiene como premisa, en sus primeras fases, el modo en que Johannes Kepler definió los ciclos del sistema solar y en que, asimismo, definió la necesidad de crear tanto el cálculo infinitesimal que de forma única ideó Godofredo Leibniz, como las funciones elípticas y superiores (hipergeométricas) que de manera sucesiva formularon Gauss, Abel, Riemann, etc.

Entre los temas decisivos que se abordaron con ese enfoque, está la relación funcionalmente determinada entre la infraestructura económica básica general de economías enteras, y la productividad de la agricultura, las manufacturas y los ritmos de crecimiento tangible (físico) en el llamado sector privado de una economía considerada como un todo unificado. Sin embargo, el objetivo subyacente decisivo de estos estudios es descubrir los factores principales que determinan, o que podrían determinar, ya sea el crecimiento neto, disminución o estancamiento del ritmo de desempeño del espacio–fase económico considerado, o el de toda una economía nacional o más grande. Esta última tarea, el descubrimiento del factor determinante principal, es el requisito funcional que en esencia está ausente en el enfoque para definir las animaciones en el caso ejemplar que representa el informe de Nordhaus.

El enfoque pedagógico más conveniente para este aspecto decisivo del estudio, es el que toma como modelo las distinciones más esenciales del antedicho descubrimiento de Kepler: el descubrimiento del principio de lo “infinitesimal”. Ésta es la distinción que al parecer rebasa la comprensión del aula académica y artilugios afines con los que por lo común se topa uno hoy con respecto a los principios de las investigaciones físicas científicas y relacionadas.

Kepler y la esférica

El conocimiento es siempre esencialmente subjetivo, porque existe entre los seres mortales sólo como conocimiento humano; su existencia primaria reside, en consecuencia, sólo en el individuo humano y en su relación funcional con la historia de la sociedad en la que él o ella vive. El conocimiento, en el sentido correcto de la palabra, no existe entre las formas inferiores de vida. El conocimiento es un “atributo” de ese principio del ser humano individual que ubica a nuestra especie absolutamente aparte, tanto de los objetos inanimados, como también de toda forma inferior de vida. En la ciencia de la biogeoquímica de V.I. Vernadsky, esto marca el principio que separa al ser humano individual del animal.

Por tanto, en términos subjetivos, lo que ha probado ser mi enfoque único exitoso para la prognosis económica de largo plazo, remonta su origen conmigo a mi rechazo inmediato e insistente de principio a la enseñanza secundaria corriente de la clase de geometría desde mi primer encuentro con esa materia. Mi conocimiento de adolescente de las estructuras me había mostrado que la función de la geometría en la práctica de la sociedad es física: sólo una geometría física en lo funcional, no una euclidiana formal, puede ser válida.

En términos históricos, mi perspectiva en cuanto a la geometría, desde ese momento en la educación secundaria en adelante, era ya de manera implícita la de una geometría antieuclidiana, una óptica mía que en última instancia convergía con lo que ha de reconocerse entre los pitagóricos y Platón como la esférica. Esos griegos antiguos conocían la esférica como un método que les había comunicado la práctica de la astronomía egipcia, la cual distinguía la geometría del movimiento de desarrollo (o sea, la acción física) como distinta de lo que las convenciones reconocen hoy como simples versiones de aula de la llamada geometría euclidiana. Los postulados, definiciones y axiomas dizque a priori han de excluirse de la ciencia europea competente; todo concepto, incluso los de la forma de nuestro propio comportamiento en esta práctica, ha de descubrirse mediante métodos experimentales asociados, entre los antiguos griegos, con la tradición de Tales, los pitagóricos y Platón. En otras palabras, aunque se nos permite advertir los supuestos implícitos intrínsecos del enfoque práctico que empleamos, no podemos tratar esos supuestos como principios a priori, sino sólo como sujetos, ellos mismos, de tratamiento experimental decisivo.

Ésta es la perspectiva para considerar los rudimentos del método que Kepler empleó. Ésta es la perspectiva que se atribuye de manera creíble a la obra de Tales de Mileto en la astronomía, y es la óptica del Aristarco de Samos que probó, mediante métodos experimentales apropiados, que la Tierra orbita alrededor del Sol. La forma en que Kepler trata las posiciones y movimientos relativos de los cuerpos solares que consideró, puede trazarse a partir del punto de partida que refiere el enfoque de Aristarco. Asimismo, como ponía de relieve el propio Kepler, su método científico se derivaba de la ciencia física moderna que Nicolás de Cusa fundó como un cuerpo experimental de trabajo científico, del modo que complementaron esta iniciativa predecesores del primero y seguidores del segundo como Luca Pacioli y Leonardo da Vinci.

Entre los predecesores de Kepler se encuentra el maestro de geometría de Leonardo da Vinci, fray Luca Pacioli. Pintura de Jacopo de Barbari (circa 1495).

Dicho lo anterior, para propósitos de este informe, baste enfocarse en un aspecto limitado, pero decisivo, de los descubrimientos de Kepler: las implicaciones de la órbita observada de Marte en términos de referencia de la alineación cíclica de las relaciones entre las posiciones del Sol, la Tierra y Marte.

Para reducir la cuestión a lo esencial, podemos decir que Kepler reconoció con sus mediciones que la generación de una órbita elíptica de Marte era resultado de lo que habría de ser el descubrimiento único de Godofredo Leibniz: su definición del diferencial del cálculo infinitesimal. Dicho de manera simple: la noción de lo infinitesimal que Kepler le planteó a “futuros matemáticos” era un reflejo de la congruencia observada en el hecho de que el área que abarcaba la órbita de Marte en relación con el Sol variaba en un ordenamiento de “áreas iguales recorridas en tiempos iguales”. En otras palabras: la órbita elíptica no determinaba el movimiento de Marte; más bien, el principio perfectamente infinitesimal de acción física del caso generaba la órbita elíptica con esa característica específica, la característica de las áreas iguales recorridas en tiempos iguales.[7]

Es notable que fue precisamente esa forma de ver el problema lo que llevó a Kepler a encargarle a futuros matemáticos la creación, tanto de un cálculo explícitamente infinitesimal (físico), como de un corolario teórico para las funciones elípticas físicas.[8] El primer reto lo resolvió el descubrimiento único original de Godofredo Leibniz de un cálculo de lo infinitesimal, una cualidad del cálculo que Isaac Newton y sus seguidores rechazan en su intento fallido por entender la gravitación. Lo esencial del segundo reto, el de descubrir el principio físico pertinente que subyace en la acción elíptica regular, lo dominaron Carl F. Gauss y sus seguidores, y de modo más notable Bernhard Riemann, quien siguió a Gauss al ir más allá de las funciones elípticas, hacia las hipergeometrías físicas superiores asociadas con una penetración ontológica de la cuestión del progreso cualitativo de la especie humana.

El descubrimiento de Johannes Kepler del carácter ontológico de principio de la órbita planetaria le proporciona al estudiante el modelo de referencia para analizar los ciclos económicos. (Foto: www.arttoday.com).

El verdadero desarrollo rudimentario de la matemática de una modalidad competente en la ciencia física moderna, se derivó por completo del efecto combinado de esas implicaciones del descubrimiento de Kepler, y de lo que Gauss habría de develar como las de lo que de hecho era la definición de Napier del pentagramma miríficum y la demostración experimental de Fermat de la existencia del tiempo físicamente relativo, el concepto del “menor tiempo”, en oposición a la primitiva creencia supersticiosa en el “tiempo simple” (por ejemplo, euclidiano).[9] Éstas son las consideraciones elementales, como las abordan del modo más notable Leibniz, Gauss y Riemann, necesarias para definir una ciencia moderna competente de la economía física.

Sin embargo, en cualquier ciencia económica competente hay otro aspecto decisivo para el descubrimiento único original de Kepler de la gravitación universal; esto es lo que William Nordhaus pasa totalmente por alto en su tratamiento del asunto. El descubrimiento de Kepler del carácter ontológico de principio de la órbita planetaria le brinda al estudiante el modelo de referencia para investigar los ciclos económicos.

La esférica como tal

Como ya lo he subrayado antes, al explorar el meollo del asunto arriba definido, es esencial reconocer una distinción cualitativa entre las trilladas nociones vulgares de la geometría, tal como la euclidiana, y lo que los pitagóricos, Platón y demás reconocían como la esférica. En la ciencia griega clásica pertinente, la esférica es un reflejo del método de la ciencia astronómica desarrollada en el antiguo Egipto que se transmitió a la cultura griega clásica. Ésta se distingue por completo de una geometría formal. Mejor dicho, la esférica es una ciencia astronómica física, del modo que también la aplicaron los pitagóricos, Platón y demás a la vida humana en la Tierra.

Por ende, la esférica está originalmente asociada con lo que hoy por lo general preferiríamos denominar como “astrofísica”, más que “astronomía”. Como esto pertenece al universo al que se confina la vida en la Tierra, el concepto de esférica tiene connotación de universalidad, lo cual implica que a la acción física en la Tierra la limitan principios, tales como la gravitación, que en lo primordial tienen una eficiencia universal. Muchos de los errores elementales obvios al debatir la ciencia griega y la moderna por igual, resultan de no reconocer las distinciones funcionales del caso entre la mera geometría y el carácter de una esférica que se ocupa de la función de los principios físicos universales de acción en un espacio–tiempo físico universal como tal. No tomar en cuenta esta distinción es la necedad ontológica característica de las formas modernas de reduccionismo filosófico, tales como el empirismo, el positivismo y el existencialismo.[10]

Este problema surge en la práctica de la prognosis económica como el intento de pronosticar en base a suponer tendencias ubicadas ontológicamente en la aplicación de métodos cartesianos de mecánica estadística, en la pretensión descaminada de educir lo que se aborda como tendencias vigentes. La prognosis competente cobra un enfoque dinámico directamente contrario al de los cartesianos; considera el proceso en su conjunto del modo que Kepler aborda los ciclos astronómicos. Él hace esto para ubicar el principio de largo aliento que determina la trayectoria físico–geométrica que gobierna el resultado de los movimientos en lo pequeño.

La geometría física rechaza toda noción de “línea recta” o trayectoria de acción afín concebida de modo simplista. Primero, tenemos que determinar la geometría física del proceso en el cual se ubica la acción del caso, del modo que la geometría física riemanniana crea una alternativa de lo que se denomina tensor. La geometría física del ambiente determina el carácter primordial de las relaciones de la acción en ese ambiente físicamente dinámico (antimecánico). La definición de Kepler de la gravitación universal es el comienzo de este enfoque moderno de la ciencia física en general.

Por ejemplo: es relativamente simple, y también muy provechoso para el estudiante, reconocer que las distinciones ontológicas y metodológicas elementales de la geometría física riemanniana ya están implícitas en los métodos prácticos que los antiguos pitagóricos, Platón y demás empleaban para la esférica. El punto, la línea, la superficie y el sólido, como los presenta la geometría reduccionista, no existen en la esférica. Más bien, para el entendimiento, la distinción ontológica y el nexo eficiente entre el punto y la línea, la línea y la superficie, y la superficie y el sólido, ocurren en la forma de acción física; este nexo se reconoce con más notoriedad y eficacia en el desafío de doblar el cubo exclusivamente mediante construcción, como la célebre forma en que lo hizo Arquitas y lo abordó de manera informada Eratóstenes, en retrospectiva, a partir de la obra de Apolonio. Los nexos ontológicos entre cualidades de objetos en el espacio–tiempo físico se efectúan mediante principios físicos universales que se reconocen con el término griego dúnamis, o el uso modernizado de Leibniz de dúnamis, dinámica, para mostrar la incompetencia de principio de la obra de René Descartes.

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Pitágoras (abajo, a la izq.) fundó la ciencia de la esférica, una ciencia física de la astronomía que “se distingue por completo de una geometría formal”. Detalle de la Escuela de Atenas de Rafael. (Foto: www.clipart.com).

Así, por ejemplo, en la esférica o en su expresión moderna, la mecánica estadística no existe como una categoría científica; sólo existe la dinámica. Esta distinción ha de ponerse de relieve con vigor al comparar la acción viva con la patentemente inerte de la química, y al contrastar el comportamiento específico humano con el de toda forma inferior de vida, como la animal.[11]

Las distinciones fundamentales a reconocer se expresan en términos de lo que se llaman principios físicos universales, como el de la gravitación, que fue descubierto de forma única por Kepler. La construcción que dobla el cubo, como la descubrió el pitagórico Arquitas, es típica de la manera en que se definen tales principios universales de acción con una existencia eficiente. El debate en cuanto a las raíces algebraicas de la acción de doblar el cubo, desde Cardano hasta los empiristas D’Alembert, De Moivre, Euler y Lagrange, por un lado, y Carl F. Gauss y compañía, en el contrario, ha representado la cuestión prototípica del método matemático en la física matemática y la geometría modernas desde entonces.[12] Esa cuestión, como se aplica al caso ejemplar del descubrimiento de Kepler de la gravitación universal, es lo que nos lleva a revisar los métodos apropiados para medir la productividad físico–económica comparativa de las economías consideradas como totalidades funcionales.

Kepler: la órbita en tanto espacio-fase

En una primera aproximación relativa, los pasos prehistóricos e históricos hacia el descubrimiento de definiciones de principios físicos universales verificables de manera empírica se ejemplifican con más eficiencia, en la civilización europea, en los calendarios védicos de Asia Central que datan del 6000 al 4000 a.C.[13] Tenemos que abordar tales ciclos como espacios–fase, y a partir de eso explorar el superior de los espacios–fase por los cuales se engloban, a su vez, los ciclos particulares. Este método ha de aplicarse a la astronomía en general, y a la microfísica en lo muy, muy pequeño. Los principios arraigados en la antigua práctica greco–egipcia de la esférica deben imperar de pe a pa. El sistema de hipergeometrías físicas que Bernhard Riemann definió, en cuanto a principio, ha demostrado, en retrospectiva, como lo hizo Albert Einstein, abarcar la visión del mundo que expresa tanto la obra de Kepler como los descubrimientos ubicados, no en la llamada mecánica cuántica, sino en los descubrimientos de veras originales de Max Planck.[14]

La misma cuestión metodológica tiene una importancia limitada, aunque, no obstante, decisiva y prácticamente axiomática para la prognosis económica.

El comportamiento colectivo humano, como en el lapso de vida del ascenso y caída de culturas específicas, está determinado por influencias que cobran el carácter implícito de supuestos axiomáticos. En justa aproximación, el lapso de la existencia de semejante fase en la cultura tiene un principio y un fin. Ésta es una pauta que vincula el comienzo y el derrumbe de un espacio–fase cultural. Para entender cualquier intervalo correspondiente de la historia de la existencia humana en tanto espacio–fase, tenemos que partir de identificar el principio y el fin de la etapa pertinente de existencia de la fase cultural de modo que corresponda a un ciclo, usando este término en el sentido aproximado de un ciclo astronómico.

Cuando educimos los principios que determinan dicho ciclo histórico fase–espacial, enfrentamos principios que no sólo actúan desde el comienzo hasta el cierre de ese ciclo, sino que definen el desenlace implícito de las acciones emprendidas entre esos dos extremos de la historia local.

Por ejemplo: el descubrimiento de Gauss de las órbitas keplerianas de los asteroides Ceres y Palas[15] ilustra el método para el tratamiento estadístico de algunas muestras limitadas de pruebas modernas para determinar la “trayectoria orbital” de un proceso cíclico en su totalidad. El enfoque de Gauss para descubrir las órbitas de esos dos asteroides ilustra la cualidad metodológica especial que se requiere para educir el carácter del ciclo entero de un proceso económico corriente a partir de muestras limitadas de datos físico–económicos vigentes.

Considera el caso de la diferencia cultural sistémica entre EUA, como lo define la Revolución Americana de 1776–1789, y las culturas de Europa Occidental y Central. Entendemos la historia de modo eficiente, incluso los ciclos económicos, sólo en la medida que vemos los acontecimientos en los confines de una especie fase–espacial de ciclo, del modo que lo define un principio continuo común a todo el lapso de la existencia de esa cultura, en esa forma de su espacio–fase funcional.

Al identificar las características del ciclo en el que se ubica un conjunto de acciones locales, somos capaces de prever el resultado de cualquier muestra pertinente del ciclo que la misma implica. Basándonos en eso podemos prever cuál será el resultado dentro de un margen de tiempo calculado de manera razonable, a menos que se introduzca un cambio de principio en las características del sistema. Prevemos el resultado probable del ciclo al ubicar el intervalo pertinente del acontecimiento histórico vigente como un ínterin del ciclo concebido como un todo.

Así, por ejemplo, en mi pronóstico de corto plazo de mediados de 1956 para los acontecimientos de principios de 1957, estaba enfocado en un ciclo que tenía su origen en los cambios políticos de aproximadamente “después de la guerra de Corea” que se emprendieron en 1954. De modo que, por ejemplo, en mi pronóstico de 1958–1959, de que para fines de los 1960 una serie probable de crisis monetarias del sistema de Bretton Woods llevaría a un posible crac de ese sistema más o menos para fines de los 1970 —a menos que se hicieran los cambios pertinentes, en tanto discontinuidades potenciales, al ciclo posterior a 1954—, yo estaba enfocado, a fines de los 1950, en las características cíclicas de lo que devino en el ciclo entero de 1954–1972.[16]

El ciclo de 1954–1972 fue diferente al del intervalo de 1972–1987, y el de 1987–2006 que le siguió, para fines de prognosis, a cualquiera de los dos anteriores. Así que mi pronóstico, en 1992, de la arremetida de una “gran avalancha”, culminó con la crisis intermedia de 1992–1995, y a los de 1995–1996 (ver gráfica 1) y 2000 (ver gráfica 2) les siguió mi pronóstico de la “onda de choque”.

Todos mis pronósticos, los cuales han sido acertados según las condiciones que especifiqué de antemano, lo han sido de un modo que ningún otro pronóstico conocido de las últimas casi cinco décadas pertinentes puede igualar.

Esto es cuestión de mi método, más que de las fracasadas modalidades contrarias que se estilan en la prognosis estadística actual.

Por ejemplo, como las políticas pertinentes de una sociedad son producto de la voluntad humana, ningún “sí o no” llano competente puede considerarse un pronóstico apto. La voluntad humana puede cambiar los supuestos prácticos actualmente imperantes, aun de manera radical. El pronóstico preciso lo condiciona el funcionamiento continuo de las directrices corrientes de corte axiomático del caso que subyacen en la existencia ininterrumpida del presente ciclo pertinente. Sin la especificación explícita o claramente implícita de esas condiciones asociadas con un pronóstico, no puede presentarse ningún pronóstico —ni evaluación analítica de las tendencias vigentes aparentes— competente.

Ahondaré en este tema en un momento posterior apropiado del capítulo siguiente de este informe.

Aquí estriba la clave para penetrar los motivos de la ineptitud consumada de todo método popular en boga de pronóstico económico estadístico, con respecto a las tendencias del espacio–fase económico actual. El uso pretendido de pruebas percucientes mera y estadísticamente mecanicistas de acción en lo pequeño, hasta la fecha, para proyectar el lapso más grande de la realidad de un modo estadístico–mecanicista, es de suyo patético, más o menos tanto como el absurdo de la obra de Morton Scholes del LTCM.[17] Empero, aun hoy, prácticamente todas las operaciones de “fondos especulativos” se fundan en supuestos que expresan la misma calidad genética de ineptitud que el Scholes del LTCM, tal como las conjeturas que pueden considerarse fruto, es decir, pudrición, de la obra de toda la vida del ex presidente de la Reserva Federal (y fanático de Ayn Rand) Alan Greenspan.

La raíz de mis logros esencialmente únicos en la prognosis durante el intervalo de 1956–2006 a la fecha, reside en una cuestión de método científico, uno que en esencia es el asociado con los antiguos pitagóricos, Platón y sus seguidores, y con los avances modernos de esto que se desarrollaron gracias al ímpetu que aportaron Nicolás de Cusa y sus adeptos a través de Kepler, Leibniz y, después, Gauss y Riemann.

El Sistema Americano de economía política surgió en torno al liderato de Benjamín Franklin, en mortal oposición al sistema liberal angloholandés.

Por ejemplo, en suma, Kepler en cierto sentido había “predicho” la existencia de los asteroides. El estudio de Kepler de los armónicos solares prescribía la existencia previa de una órbita planetaria entre las de Marte y Júpiter. Basándose en esos armónicos, Kepler insistía que las características armónicas de su propia órbita debieron haber destruido a un planeta que, por necesidad, existió en esa órbita, dentro de los armónicos del sistema solar en su conjunto. La forma en que Gauss descubrió y trató a los asteroides Ceres, Palas, etc., confirmó la naturaleza de las órbitas de los asteroides en su conjunto, como producto de semejante autodestrucción armónica del planeta perdido.

Al parecer, las implicaciones de la solución de Gauss para las órbitas de los asteroides presenta un conjunto más complejo de consideraciones.

A este respecto, la consecuencia más notable del descubrimiento de Johannes Kepler del principio orbital de las “áreas iguales en tiempos iguales”, es que la órbita así determinada regresa, en uno u otro sentido, a su origen relativo, si bien en un estado transformado. Como estas transformaciones se ordenan de dicho modo, la historia se define así como un ciclo de ciclos sucesivos, todos dentro de una dirección de cambios de largo aliento en el estado del sistema entero. Esto es típico de la noción de la vida real más elemental de un ciclo. Los economistas deberían emplear los ciclos astronómicos, considerados en el sentido del descubrimiento de Gauss de las órbitas de los asteroides Ceres y Palas, para impartir una imagen sensual del significado de “ciclo”. La diferencia entre los ciclos astronómicos y los humanos, es que aquellas facultades creativas de la voluntad humana que permiten el descubrimiento y uso de principios físicos universales recién descubiertos, pueden cambiar el ordenamiento dentro del espacio–fase pertinente de todo el universo.

El pronóstico económico, en la vena de mis propios logros en este campo, representa una adaptación adecuada de ese método a los procesos sociales, a diferencia de los meramente inanimados o animales.

La secuencia de “ciclos” económicos principales y secundarios de 1945–2006 que esbocé antes en este capítulo, con el subtítulo de “Entendamos los ciclos económicos”, debe tratarse como la enseñanza que ilustra el descubrimiento de Gauss del sistema de asteroides.

En mi método, como lo ilustran mis pronósticos de largo plazo conocidos, y también mi primer pronóstico, el de 1956 sobre la recesión de febrero de 1957, los principios que subyacen en todo pronóstico económico de largo plazo competente en lo principal se fundan en principios físico–económicos, más que monetarios, pero toman en cuenta la función del proceso político–monetario como el factor político subjetivo superpuesto que define el comportamiento humano responsable de la elección, a propósito o por omisión, del carácter cíclico del proceso físico correspondiente.

2.  Dinero y economía física

Al tratar la información estadística y relacionada disponible de un caso como el de EUA en el intervalo de 1945–2006 a la fecha, tenemos que diferenciar, para empezar, entre dos momentos importantes de conflictos sistémicos modernos de la historia viva.

El tratado de paz de París de febrero de 1763 estableció, de hecho, el interés liberal angloholandés e influencia de la Compañía de las Indias Orientales británica en tanto imperio. Este acontecimiento definió la división de la economía europea moderna y su retoño hoy global en dos clases emergentes principales: el sistema liberal angloholandés, que constituye un virtual imperio, o vampiro, el posterior Imperio Británico, versus lo que surgió en torno al liderato de Benjamín Franklin como el Sistema Americano de economía política. Con la derrota de Napoleón Bonaparte, los intereses financieros liberales angloholandeses neovenecianos absorbieron a los elementos financieros organizados en torno a lo que Napoleón había creado como el Banque de France, con lo cual creó una especie de organización hegemónica, como de moho lamoso, de diversos intereses financieros franco–angloholandeses, como el interés financiero dominante de Europa: un virtual imperio ultramontano de la clase antes asociada con la colaboración entre la oligarquía financiera veneciana y la caballería normanda. Esa forma de imperio estilo moho lamoso existe hoy; en la historia mundial actual predominan las implicaciones presentes de esa existencia como de moho lamoso del imperio financiero neoveneciano.

Desde 1776–1789, la alternativa principal que rivaliza con ese interés financiero imperial del núcleo liberal angloholandés ha sido la forma constitucional de economía que define el impacto combinado de la Declaración de Independencia y la Constitución federal de EU: el llamado “sistema hamiltoniano” que está implícito en la ley fundamental de la república federal estadounidense, el Preámbulo de la Constitución federal. La ofensiva permanente por corromper y subyugar a EUA a las formas liberales angloholandesas de poder financiero imperial, e incluso, como ahora, por destruir la economía interna y la Constitución federal estadounidense, ha representado el rasgo medular de la historia mundial moderna desde la rápida sucesión de acontecimientos de 1763 a 1789.

De izq. a der.: el presidente Franklin Roosevelt, el vicepresidente elegido Harry Truman y el vicepresidente en funciones Henry Wallace. “Harry Truman. . . hizo tanto por consolar a los enemigos nacionales y extranjeros de Roosevelt por su derrota previa a manos de él”. (Foto: Biblioteca Franklin Delano Roosevelt).

Desde el nacimiento del Sistema Americano de economía política en la Norteamérica colonial de 1763, los propios norteamericanos estaban divididos en cuanto al principio fundamental de gobierno y economía, entre dos facciones principales: los patriotas y los tories, estos últimos, típicos de los lacayos de la Compañía de las Indias Orientales británica que se aglutinaban en torno a la bandera del llamado “Essex Junto”, una partida depredadora de traidores relativos de los que eran típicos los enemigos de Benjamín Franklin entre los colonos de Boston y el condado de Essex en Massachusetts que eran leales a los británicos, y el Banco de Manhattan de la Ciudad de Nueva York, del agente británico Aaron Burr. Ese conflicto entre nuestros patriotas y los truhanes que los adversaban ha perdurado como el principal enemigo interno de nuestro sistema constitucional de economía dentro de la llamada “élite de la Costa Este de EU”, hasta la fecha.[18]

A este respecto, la economía estadounidense, por ejemplo, nos presenta dos sistemas mutuamente incongruentes. Por un lado, en especial desde 1971–1972, a las decisiones imperantes que definen las directrices y medidas parecidas tanto en EUA como en toda la comunidad trasatlántica las ha dominado, desde el principio, una versión radical del sistema monetarista liberal angloholandés en realidad imperial. En una fase previa de este proceso, esto se había modificado como esa forma napoleónica del sistema liberal; este cambió continuó en la mayoría de los períodos de la historia europea extendida al orbe, desde la subyugación del sistema francés con eje en el Banque de France napoleónico a su amo angloholandés de costumbre en 1815. Por el otro, el bando patriota contrario, en especial cuando enfocamos todo el abanico de la historia de la república estadounidense, tenemos un aspecto de economía real, en gran medida ajeno a los sistemas monetaristas liberales, que implícitamente tiene su raíz en el Sistema Americano de economía política, como lo definió el primer secretario del Tesoro de EUA, Alexander Hamilton.

La principal diferencia funcional en la calidad de esos dos sistemas que al presente interactúan, es que, según la Constitución federal estadounidense, el dinero y la reglamentación de su circulación son una creación de la autoridad constitucional del Gobierno estadounidense; en tanto que en los sistemas europeos modernos acostumbrados, desde febrero de 1763, en particular bajo la tiranía liberal angloholandesa, el gobierno es un vasallo cautivo de los intereses financieros privados que representa un dizque “sistema de banca central independiente”, tal como la tiranía imperial supranacional del presente Banco Central Europeo.

El significado de los cambios radicales de 1971–1972 en la política monetaria estadounidense, y su secuela en el transcurso de los 1970, en combinación con la destrucción deliberada de la economía estadounidense con las reformas de 1977–1981 de la Comisión Trilateral, nos han pintado un cuadro algo complicado, de entonces a la fecha. Sin una penetración histórica de las causas de los cambios en los sistemas estadounidense y mundial después de 1945, no podrían identificarse con competencia las recientes pautas cíclicas pertinentes.

 

El Sistema Americano de economía política está asociado con el legado de (de izq. a der.) Federico List, Henry C. Carey, Mathew Carey y el primer secretario del Tesoro estadounidense Alexander Hamilton. (Foto [Hamilton]: clipart.com).

La Guerra Civil estadounidense, por ejemplo, fue resultado de la ofensiva que emprendieron las monarquías combinadas de Gran Bretaña y la Francia de Napoleón III que creó lord Palmerston, para destruir a EUA en tanto república. El conflicto mortal entre las fuerzas que encabezó el presidente estadounidense Franklin Roosevelt y la facción contraria enemiga del Sistema Americano a la que sirvió el enemigo post mórtem de Roosevelt, el presidente Harry Truman, también es una ilustración importante del conflicto. La función de Félix Rohatyn como uno de los agentes principales de los intereses financieros angloholandeses y franceses sinarquistas, quien obra en nombre del “libre cambio”, la “OMC” y la “globalización” para destruir de hecho a la república estadounidense, es una expresión de ese mismo conflicto.

Aquí tenemos que hacer hincapié en que esta configuración de dos sistemas contrarios ha perdurado hasta la fecha, y ha constituido el elemento principal de conflicto, tanto dentro del territorio del propio EUA, como entre nuestros patriotas y la facción liberal angloholandesa y sus socios sinarquistas franceses, tales como su correligionario fascista Félix Rohatyn, hasta hoy.

Esta historia de la civilización moderna ha tenido como consecuencia que, desde los tratados de Utrecht de 1713, el ascenso de Jorge I como el primer monarca británico moderno y el triunfo de lo que devino en el Imperio Británico con el tratado de París de febrero de 1763, al sistema europeo extendido al orbe por lo general lo ha dominado un sistema de economía política liberal angloholandés. Habituarse a ese estado de asuntos doctrinales y ejercicios relacionados ha tenido como consecuencia general el engaño de considerar a la doctrina económica de la escuela Haileybury de la Compañía de las Indias Orientales británica, como la base para definir la noción educada de economía política.

En tanto que Karl Marx, un recluta de la organización de la Joven Europa del agente de lord Palmerston, Giuseppe Mazzini, fue adiestrado bajo la tutela del controlador de la inteligencia británica de dicha organización, el espía veterano de la Biblioteca Británica, William Urquhart; así, desde el lavado cerebral que por décadas le aplicaron los seguidores del lacayo de lord Shelburne, Jeremías Bentham, a esta víctima de los británicos, la superstición absurda, la noción de Bernard Mandeville, François Quesnay, Jacques Turgot y los lacayos de lord Shelburne, Adam Smith y Jeremías Bentham, de que cierto principio misterioso del valor económico primario es intrínseco de la economía, ha imperado en las diversas escuelas de pensamiento económico de la izquierda, la derecha y el centro. Los efectos de ese engaño inducido han penetrado la mayoría de las universidades y la opinión popular del mundo, hasta la época de los desaforados monetaristas actuales.[19] Esto ha constituido un factor ideológico importante en la ruina de muchas naciones desde entonces.

El sistema de economía nacional

Pese al engaño consiguiente tan difundido entre los académicos del caso y otros, el dinero como tal no tiene valor intrínseco. La autoridad para imponer una noción de valor a una clase de dinero o activo monetario particular es una facultad política, ya sea de los gobiernos o de un potencia de suyo imperial sobre éstos. El valor del dinero, incluso de la moneda, es, por otra parte, ficticio, no “científico”. En la sociedad moderna, cualquier atribución cuerda con respecto al valor del dinero es en esencia una cuestión de ficciones políticas al presente en vigencia o meramente fantásticas.

Tal es la distinción que hace la ciencia competente entre la economía real (por ejemplo, la física) y la política. Una comprensión clara de esta diferencia y sus implicaciones prácticas es absolutamente decisiva para entender y superar la catastrófica crisis global que hoy amenaza a todas y cada una de las naciones del planeta.

Así, desde la perspectiva de la crisis actual, enfrentamos dos especies principales de sistema político–económico: el liberal angloholandés, que es de una clase de suyo imperial, y el Sistema Americano de economía política, como se le asocia con el recuerdo del secretario del Tesoro estadounidense Alexander Hamilton, Federico List, y Mathew y Henry C. Carey.

Sin embargo, lo que anima al Sistema Americano es, más que nada, la influencia del fundador de la ciencia de la economía física, Godofredo Leibniz, en la que Hamilton se educó, por ejemplo, y que he tomado como punto de referencia esencial de mi perspectiva desde mi adolescencia.

Estos dos sistemas en pugna, el Sistema Americano de economía política y el elemento angloholandés sinarquista imperante de la oposición política europea al mismo, tienen características cíclicas distintivas, pero la interacción entre ambos también tiene sus propios rasgos cíclicos. La mejor forma de abordar de manera analítica este arreglo, es como un conjunto de relaciones de diversos espacios–fase cíclicos acoplados y en mutuo conflicto, cada uno de los cuales tiene sus propias características cíclicas, pero interactúa de modo dinámico para definir una característica cíclica global en común. Las fases de la economía estadounidense en el intervalo de 1945–2006, como indiqué antes, han de examinarse como producto de los rasgos característicos de dichos ciclos compuestos en interacción.

El factor adicional que complica esto es, por supuesto, el hecho de que la voluntad del gobierno eficiente, en particular, puede cambiar la característica de acción del proceso, como lo hizo el presidente Franklin Roosevelt, y sustituir así una pauta cíclica existente, para bien o para mal. Sin embargo, de faltar la voluntad, como la que ejerció el presidente Franklin Roosevelt, para efectuar tales cambios reparadores, EUA estaría hoy prácticamente acabado como nación.

Sin las reformas de Franklin Roosevelt, nunca se habría dado una recuperación del profundo abismo de la depresión de Hoover. Las reformas de Roosevelt nos dieron un sistema de regulación, del cual EUA dependió para recuperarse de la depresión, y también para su capacidad de aportar el margen decisivo en la derrota de la intentona nazi de imponer un imperio mundial. Este sistema de regulación reconocía de manera implícita el hecho de que no existe una determinación asintótica de un valor verdadero del dinero en el sistema como de “riñón flotante” de un llamado “libre mercado”.

Las reformas de Roosevelt fueron en esencia producto tanto del principio científico medular de la Declaración de Independencia de EU de 1776 como del principio de Leibniz de “la búsqueda de la felicidad”, del modo que lo amplifica la totalidad de ese preámbulo de la Constitución federal que expresa el principio fundamental del derecho natural que subyace en la intención de toda la Constitución propiamente evaluada, a diferencia de ciertas redes jurídicas moralmente corruptas, pero ahora influyentes.

Por desgracia, ambas intenciones de esos dos aspectos de nuestro derecho constitucional y sus implicaciones para el ejercicio competente del derecho se han perdido principalmente entre el estrato educado que hoy ocupa las posiciones de poder e influencia pertinentes. De ahí la amplia incompetencia de esos aspectos de la legislación vigente en nuestra nación en cuanto a cuestiones sustanciales de economía política.

La mejor descripción científica de los sistemas económicos europeos es decir lo que no son; aunque el Sistema Americano de economía política tuvo una gran influencia en Europa, en todas las Américas, y en Japón, Tailandia y China, luego de los acontecimientos de 1861–1876 en EUA, los sistemas europeos no son expresión de los principios del Sistema Americano de economía política. De hecho, las tendencias posteriores a 1865 que se hicieron eco del Sistema Americano no sólo aminoraron, sino que se les ha dado marcha atrás a un ritmo acelerado desde 1971–1972. Es posible y necesario ver los sistemas europeos desde la perspectiva del Sistema Americano; lo inverso siempre será, como ahora, una fuente inevitable de inminentes tragedias nacionales. Por tanto, para tratar los asuntos mundiales principales de hoy, tenemos que partir de un acento en la cuestión del Sistema Americano de economía nacional como tal. Después de eso, es posible y también necesario considerar a las otras economías del planeta desde la óptica de las enseñanzas del Sistema Americano, como lo encarna la intención del diseño original de nuestra Constitución federal.

Desde el comienzo, el Sistema Americano de economía política ha sido proteccionista, en oposición específica a la práctica del liberalismo angloholandés después de 1763. Sólo en los momentos de debilidad extrema de EU han podido los elementos más o menos traidores a su interior, elementos aliados al naciente Imperio Británico, imponerle las políticas librecambistas. En todo período saludable de la economía estadounidense, nuestra política fue la forma de proteccionismo del Sistema Americano. En todo período en que nuestra república se desvió de las modalidades de proteccionismo del Sistema Americano, nuestra economía y nuestro pueblo en general han sufrido enormemente, como ha sido el caso desde 1971, de los males inherentes a un sistema “librecambista” global.

De modo que hoy, en especial desde 1971–1972 y, con acento mayor, los desmanes de la Comisión Trilateral durante los Gobiernos de Carter y Reagan, la economía física entera ha sufrido un ritmo acelerado de decadencia, y la ruina aparejada de las condiciones de vida del segmento del 80% de las familias de menores ingresos, en tanto que una minoría menguante del 20% superior de forma inmerecida se ha tornado rica, asquerosamente rica.

En la medida que nuestros ciudadanos han tolerado lo que por lo general ha sido la tendencia política imperante de nuestra Presidencia y nuestro Congreso en el período de 1972 a la fecha, EU se ha encaminado, a un ritmo acelerado, hacia la repugnante condición de la inminente bancarrota nacional a la que ahora nos llevan —y al mundo en general— las locuras actuales del Gobierno de Bush. Cualquier opinión distinta de las tendencias de nuestra economía es fruto de la estupidez o simplemente de las mentiras políticas acostumbradas del sofista.

El principio del capital físico

Como lo demostró Godofredo Leibniz, los métodos de René Descartes eran intrínsecamente incompetentes en la ciencia física y en otros sentidos. Leibniz contrastó el sistema de ciencia física inepto y fracasado de Descartes y, por ende, también el sistema de pensamiento de Baruch Spinoza, con el que Leibniz había (de hecho) heredado de los principios y el ejercicio de la esférica, y de Cusa, Leonardo da Vinci, Johannes Kepler, Pierre de Fermat y Blaise Pascal, y de la colaboración de Leibniz con Christiaan Huyghens y otros. El universo no es estadístico ni mecánico, como habían imaginado empiristas tales como Descartes, D’Alembert y Leonhard Euler, sino dinámico, como mostró Leibniz.

Esta cualidad dinámica de organización, que luego cobró su forma más avanzada de expresión, en cuanto a principios, en la formulación de Bernhard Riemann de las hipergeometrías físicas, es característica de los tres dominios experimentales conocidos al presente: los espacios–fase prebióticos, la biosfera y la noosfera. Una organización dinámica del espacio–tiempo físico, en el cual se hallan estos tres espacios–fase, no es la suma total de objetos que flotan en ordenamientos cinéticos en el espacio vacío, sino que, más bien, el espacio físico mismo es producto de la interacción de todos los procesos y sus acontecimientos relacionados en una hipergeometría física del espacio (por ejemplo, tensorial) determinada por la interacción de todos los procesos que incluye ese dominio.[20]

En la historia de la civilización europea, esta noción de dinámica está arraigada, como ya he puesto de relieve, en la clase de ejercicio de la esférica asociado con la obra de los pitagóricos y Platón. El universo así definido para su análisis es, en esencia, el de Kepler, el universo que su formulación de la noción de dinámica, y del modo que la organización armónica del sistema solar que determina el principio de gravitación universal define de antemano el concepto de espacio–tiempo físico asociado con la obra de Bernhard Riemann y seguidores suyos, en cuestión de método científico experimental, tales como V.I. Vernadsky y Albert Einstein.

Así, una noción competente de una economía nacional o internacional es, antes que nada, la de una economía física, más que la de un sistema monetario. La economía real es, en lo funcional, una combinación de las circunstancias físicas naturales alterables de toda la economía con los principios artificiales añadidos mediante la aplicación de los descubrimientos premeditados de la humanidad, o substraídos, que conforman un sistema de interacción dinámica. Esta interacción dinámica define la cualidad específica del espacio–fase económico de toda una sociedad, en cualquier momento del desarrollo o degeneración relativos de esa economía. En esencia, la medición de una economía nacional no es monetaria, y pertenece en lo primordial a los atributos físicos de una multiplicidad dinámica como un todo.

La medición esencial que implica esa configuración es un aumento y ritmo de aumento manifiestos en lo que, como le he enseñado siempre a mis estudiantes, se denomina con justicia la densidad relativa potencial de población del sistema entero. Este término implica un ritmo de mejora o decadencia relativa del poder de la humanidad para existir, per cápita y por kilómetro cuadrado. Estos ritmos han de estudiarse desde la perspectiva de la certeza de que las iniciativas de la mente individual soberana en el descubrimiento o simple fomento de los principios físicos universales, son la forma de acción funcional que determina el potencial de los ritmos de crecimiento del poder de la humanidad para existir, per cápita y por kilómetro cuadrado del territorio total, tomando en cuenta que forman lo que en términos funcionales podría definirse como una economía nacional.

Entre las consideraciones descollantes están las divisiones posibles y efectivas de los esfuerzos humanos, entre simplemente mantener un nivel corriente de existencia y productividad, y los actos que fomentan aumentos en la tasa de la densidad relativa potencial de población. En este marco de referencia, hacemos la distinción entre la existencia y actividad antieconómicas, y las formas de actividad que son físicamente productivas en sí mismas o que representan esa creación y mantenimiento necesarios de las condiciones ambientales de las que dependen el mantenimiento y mejoramiento de los aumentos de la productividad per cápita impulsados por el progreso tecnológico. Todas estas mediciones se llevan a cabo en términos físicos, no monetarios. El valor económico sólo se expresa de manera directa en términos físicos, no monetarios.

El problema moral típico que encontramos en las creencias populares, pero de una incompetencia depravada, en cuanto a la economía y la política económica, es la mera codicia mezquina ordinaria. La víctima típica de ese engaño popular confunde el poder de compra que representa la actual condición legal o cuasilegal del dinero como tal, con el aspecto del proceso de circulación en el que él o ella prefiere no pensar: ganar dinero mediante la producción de valores físicos, en vez de sólo tomarlo. Aunque quienes están obsesionados con venderse ellos mismos, como a los depredadores diabólicos del DLC, pronto podrían verse comprados, como todos lo están, del modo que el escritor Stephen Vincent Benét lo plasmó en su célebre El diablo y Daniel Webster.

Sin embargo, este cuadro de la economía en tanto proceso físico ha de tomar en cuenta al autor de todo progreso tal: el potencial creativo de la mente humana individual.

Aquí entra en juego la cuestión del dinero. Primero, uno tiene que reconocer la naturaleza del valor físico–económico y, luego, evaluar el valor relativo que podría asignársele con provecho al dinero.

El acto creativo que le presenta a la humanidad el descubrimiento de cualquier concepto válido de un principio físico universal es una acción que sólo ocurre dentro de los confines soberanos de la mente humana individual. Aquí yace la distinción funcional esencial, en términos de la ciencia física, entre el ser humano y las formas inferiores de vida. Tal como Vernadsky ha definido, de manera notable, las facultades creativas de la especie humana (es decir, la noosfera) como expresión de un principio físico ausente en las formas inferiores de vida, la creatividad humana no es una expresión de la biología, como asociamos la biología con la vida animal.

La existencia humana expresa un principio físico universal con una eficiencia física, del modo que esto se manifiesta en el aumento de la noosfera en relación tanto con la masa del planeta entero como con la de la biosfera. Esto se expresa en las facultades específicamente creativas de la mente individual de nuestra especie, que nosotros asociamos con el descubrimiento eficaz de principios físicos fundamentales (o sea, universales). Es mediante estos descubrimientos que el aumento de la densidad relativa potencial de la especie humana se ha hecho posible. Ese aumento en la densidad relativa potencial de población es la verdadera medida física del valor económico.

Sin duda, el célebre profeta Moisés entendía esto, como tendría que consentir el científico físico moderno, al reflexionar en el Génesis 1:26–31; la mente humana individual cuerda tiene una cualidad de la que carecen todas las demás criaturas vivientes. Ésta es la cualidad que expresa el descubrimiento intrínsecamente no deductivo ni inductivo de Kepler de la gravitación universal. Esta facultad es algo personal del individuo vivo, más que producto de alguna interacción cinemática o de tipo cinemático percutiente entre las personas. Quienquiera que no esté de acuerdo con esa especificación, no tiene idea de lo que es la verdadera creatividad en la ciencia física o la composición artística clásica.

La sociedad necesita descubrimientos creativos de esa calidad, no sólo para aumentar el poder de la humanidad para existir, per cápita y por kilómetro cuadrado. La creatividad es necesaria para superar los efectos entrópicos y afines del desgaste.

De ahí que la consideración más importante al organizar y guiar a la sociedad sea el proceso de inspirar la reproducción de descubrimientos de principios físicos universales y artísticos clásicos, tales como los de J.S. Bach, en la mente de otros. Las opiniones poco valen, en especial las de los sofistas de hoy; el conocimiento, cuando se expresa en términos del descubrimiento de principios físicos universales validables mediante experimento y otros comparables, lo es todo. “Cómo te sientes” en materia de opinión personal, es de una importancia trivial relativa; “Qué sabes”, de preferencia en contraposición a la opinión hoy popular, es precioso. El rigor de una geometría física antieuclidiana es típico de la mente individual saludable y provechosa.

Esto significa que ciertas tendencias de mejora en las condiciones de vida de la comunidad y el hogar familiar típicos son de importancia decisiva con respecto al desarrollo del individuo y de aquellos aspectos de las relaciones sociales de las que dependen el descubrimiento, difusión y aprovechamiento de los descubrimientos de principios universales. Esto significa que los actos de producción de los artículos que necesitamos para mantener y mejorar la vida individual, han de complementarse con la creación de ambientes artificiales para la vida y la producción de bienes, tales como la infraestructura económica básica.

De modo que hay varias condiciones de particularidad excepcional a considerar antes de abordar las cuestiones de la naturaleza y la función del dinero en una economía. El nivel físico de vida del individuo y el hogar es una consideración que debe tratarse antes de permitir la presencia de un contador financiero en cualquier lugar cercano a la deliberación. La otra consideración de principio es la proporción de capital físico invertido, tanto en la producción como en la infraestructura económica básica. La relación funcional entre estos elementos de un proceso económico al que se trata como un proceso dinámico ha de definirse, primero, como un asunto de inversión de capital físico.

Lyndon LaRouche (der.) trabaja con Brian McAndrews, quien es parte del equipo de jóvenes que está diseñando animaciones computarizadas de la Nueva astronomía de Kepler, como una demostración de un principio físico universal. (Foto: Dan Sturman/EIRNS).

Luego entra en la debida consideración el dinero como una cuestión de lo que algunos denominan, con tanta delicia como les plazca, “la función de distribución”. Las proporciones necesarias entre las cuentas físico–económicas indicadas, a diferencia de las monetario–financieras, se clasifican bajo el rubro de funciones de capital: funciones de capital físico, en vez de monetarias.

Esto nos lleva al modo en que los gobiernos de 1969 a 1981 arruinaron la economía de EU.

Capital físico y financiero

Por motivos demasiado obvios como para que necesiten exponerse aquí, el orden de las relaciones entre los aspectos que integran un sistema dinámico de economía física requiere un sistema del dinero. El valor que se asocia con el dinero recae primordialmente en las funciones importantes que desempeña su sistema, no en ninguna de las nociones vulgares de valor intrínseco que se le imputan de manera supersticiosa.

En el Sistema Americano de economía política, el dinero es una creación deliberada del gobierno soberano del Estado nacional, una emisión que hace el Ejecutivo con el consentimiento del Congreso, o sea, de la Cámara de Representantes de EU. El interés principal de ese gobierno federal debe ser, como asentirían los fundadores pertinentes de nuestra república, que el valor físico relativo asociado con esta emisión de dinero y en relación con su valor nominal, debe apreciarse con el tiempo. Por otra parte, deber reconocerse que el dinero no tiene en sí otro valor intrínseco. Los pagos de intereses sobre los préstamos los organizamos, no porque el dinero tenga valor intrínseco alguno, sino porque un sistema del dinero ordenado es tanto valioso como necesario en tanto sistema de crédito en la sociedad moderna. Éste fue el caso de la emisión sumamente exitosa de papel moneda de la Mancomunidad de Massachussets antes de 1688. Ese principio subyace en la noción de crédito federal inherente a las disposiciones de la Constitución federal, aun hoy.

Nuestro objetivo es que la forma no monetaria del valor físico del producto social total per cápita y para toda la sociedad, ha de crecer con más rapidez que el precio del dinero. Si el precio del dinero aumenta más rápidamente, estaría fraguándose una catástrofe potencial.

La creación de dinero por parte del Estado nacional, que es la única forma decente y de veras cuerda de economía, tienen que dirigirse de modo tal, que la productividad física y el nivel de vida de toda la población y el territorio de la nación han de aumentar en relación con la deuda financiera que creó la emisión de dinero.

En la práctica, esto requiere una tasa anual de interés simple de entre 1 y 2%, aproximadamente, en la emisión primaria de dinero del gobierno federal en la forma de crédito. La tasa de interés no debe exceder la tasa de crecimiento necesario, luego de tomar en cuenta la provisión pertinente para la reinversión.

En vista de las amplias consideraciones previas, tenemos que tomar en cuenta la función indispensable del progreso científico y tecnológico. Esto requiere un nivel de vida físico y cultural ascendente para toda la población, o de otro modo el progreso científico–tecnológico neto no podría sostenerse. Este aumento depende de elevar el producto físico neto total per cápita a los ritmos pertinentes.

En la práctica, el componente más grande del gasto nacional en una economía ordenada con cordura nos lleva a los ritmos de crecimiento de las inversiones con un uso intensivo de capital anteriores a Nixon, tanto en la infraestructura económica básica, per cápita y por kilómetro cuadrado, como, de manera parecida, en la intensidad del capital físico en aumento. En otras palabras, las tendencias generales de la política económica estadounidense desde 1968 han mostrado una demencia clínica, en especial desde el descenso de 1977–1981 de la economía estadounidense a una fase posindustrial de desregulación salvaje de la producción e infraestructura esenciales.

A este respecto, es esencial examinar de nuevo el modo en que la desregulación de la economía transformó a EUA, la principal economía del mundo, en un montón de escombros en bancarrota hoy, tanto de la economía en general, como de los gobiernos federal y estatales.

Dado que no hay un nivel natural de precios para ninguna mercancía útil, la idea de que el “libre cambio” contribuiría a la eficiencia de la economía nacional o mundial constituye un caso de masturbación pura llevada al extremo. ¡La OMC, la globalización y demás son prácticas de política económica de una demencia clínica!

Lo que hicieron las reformas de Franklin Roosevelt, en este sentido, fue crear una combinación de instituciones económicas estatales, como el Seguro Social, y regulaciones para un nivel de “precios justos”, que mantuvo al dólar estadounidense bajo control en relación con la inflación y la deflación, y, al mismo tiempo, usó el poder de la regulación y la emisión federal de crédito público para favorecer cambios benéficos en diversas categorías de actividades, y desfavorecer las tendencias amenazantes que eran inflacionarias o constituían distracciones antieconómicas de la satisfacción de necesidades, ya fuera del sector privado, el público, o de ambos.

Nunca debe olvidarse que el gran endeudamiento nacional en el que incurrió el presidente Franklin Roosevelt implicó el costo de salvar a la civilización de lo que de otro modo hubiera sido la dominación inevitable de Hitler sobre el mundo entero. Tampoco debe olvidarse que si el presidente Truman y su Gobierno no hubieran saboteado las políticas de posguerra del presidente Roosevelt, la enorme deuda de guerra estadounidense de 1945 se hubiera convertido en un sistema de crédito para la inversión en el desarrollo de la economía mundial. Las directrices de Truman de 1945, de posponer los acuerdos de paz ya negociados con el jefe de Estado de Japón; el totalmente innecesario bombardeo nuclear criminal de Hiroshima y Nagasaki; y la complicidad de Truman y demás con Winston Churchill y compañía en emprender una política de “ataque nuclear preventivo” contra la Unión Soviética, fueron un factor determinante de los aspectos eludibles de los problemas económicos del EUA de la posguerra.

Sin embargo, pese a las insensateces de Truman, este sistema de “comercio justo”, de regulación privada y pública combinadas, que perduró, con algunas fallas, hasta los 1950 y poco después, proporcionó un grado de estabilidad en la economía durante la presidencia de Roosevelt y después. De manera significativa, mediante la regulación rigurosa de un sistema de reservas monetarias con precios fijos, fue posible continuar la emisión de crédito de largo plazo para el desarrollo, hasta las condiciones destructivas combinadas del primer Gobierno de Harold Wilson del Reino Unido y la locura de librar la guerra estadounidense de los 1960 en Indochina.

En todo esto, la cuestión decisiva a poner de relieve es que la fuente primaria del crédito disponible necesario para sacar al sistema mundial de la crisis de desintegración general que amenaza en lo inmediato al sistema entero, consiste en someter a los actuales sistemas bancarios nacionales, en especial a los mentados sistemas de banca central independiente, a una reorganización gubernamental por bancarrota, creando al mismo tiempo vastos flujos cuidadosamente regulados de crédito estatal de largo plazo, como a través del Gobierno estadounidense, con el propósito inmediato de impedir un desplome general del sistema monetario–financiero mundial que al presente amenaza en lo inmediato, y también de emprender una rápida expansión del ritmo de la producción física de la economía mundial, per cápita, a los niveles vigentes de virtual equilibrio funcional.

En otras palabras, los objetivos de la política económica han de ser físicos, en vez de monetario–financieros, pero también tenemos que regular los sistemas monetario–financieros, al efecto de proporcionar garantías de largo plazo a la emisión del crédito necesario para alcanzar los niveles necesarios de equilibrio y crecimiento. No actuar para hacer precisamente eso, significaría el hundimiento relativamente inmediato del planeta en una prolongada nueva Era de Tinieblas para toda la humanidad.

3.  La función de la creatividad

Tal como el dramaturgo clásico Esquilo plantea este problema histórico continuo de la humanidad en su trilogía sobre Prometeo, el problema principal de la humanidad, del modo que lo conocemos desde los tiempos de la Grecia históricamente antigua hasta el presente, lo expresa la cualidad satánica del mal que encarna la condena que el Zeus olímpico le inflige a ese verdadero amigo de la humanidad conocido como Prometeo.

Zeus condenó a Prometeo por el delito de permitir que los seres humanos mortales conocieran el uso del fuego. Tal fue el antiguo comienzo de lo que devino en el movimiento antinuclear de “regreso a la naturaleza” de los sesentiocheros modernos. Esquilo, sin embargo, promete que Prometeo y la humanidad terminarán liberándose del mandato con el que Zeus condena a los seres humanos a vivir en la condición de ganado estúpido. Nuestro propósito aquí es esta última misión, ese ascenso a la libertad verdaderamente humana de las facultades creativas de la mente individual.

En toda la historia conocida tenemos repetidas señales de las irrupciones de la verdadera creatividad necesaria para el progreso de la condición humana, un progreso congruente con el referido pasaje del Génesis 1. Empero, desde la maldad que representó la constitución de la Esparta del Licurgo de la secta de Delfos, la mayor parte de la historia de la humanidad la domina la supremacía absoluta de lo que en los tiempos clásicos griegos se conocía como el principio oligárquico. Tal fue la perversidad del Imperio Romano, de Bizancio, del sistema ultramontano de la oligarquía financiera veneciana y sus carniceros de la caballería normanda. Tal ha sido la forma liberal angloholandesa del sistema imperial, el llamado sistema imperial británico que fue esbozado como una especie de profecía por el lacayo de lord Shelburne, Edward Gibbon, de un nuevo Imperio Romano eterno de la oligarquía financiera británica, regido por una nueva encarnación propuesta de Juliano el Apóstata. Tal es la intención de la forma francamente antiestadounidense de imperialismo patrocinada por Europa, que hoy se conoce como “globalización”.

El coro del LYM canta el motete Jesu, meine Freude de J.S. Bach, en una conferencia que dio LaRouche el 5 de enero de 2005. “La consideración más importante al organizar y guiar a la sociedad. . . [es] el proceso de inspirar la reproducción de descubrimientos de principios físicos universales y artísticos clásicos, tales como los de J.S. Bach, en la mente de otros”.

A través de todos estos milenios ha habido esfuerzos continuos por imponer un orden antioligárquico justo en los asuntos humanos. A este respecto, el Renacimiento del siglo 15, que se centró en los acontecimientos del gran concilio ecuménico de Florencia, le brindó a la humanidad la promesa de un sistema de gobiernos soberanos, como lo ejemplifican productos tales de ese Renacimiento como las repúblicas de Luis XI de Francia y Enrique VII de Inglaterra. Lamentablemente, la oligarquía financiera veneciana contraatacó con la orquestación de la caída de Constantinopla y el subsiguiente lanzamiento de la bestialidad satánica de las guerras religiosas que desató la figura francamente satánica del gran inquisidor de España, Tomás de Torquemada.[21]

Uno de los principales arquitectos de lo que devino en la guerra de los Treinta Años, Paolo Sarpi de Venecia, fue el que creó esa forma moderna de liberalismo político–filosófico de sir Francis Bacon, Thomas Hobbes, John Locke y demás, en el cual se ha fundado la versión modificada del principio satánico del Zeus olímpico délfico. Sarpi no proscribió del todo el progreso científico y tecnológico, pero él y sus cómplices idearon una política que tomó como modelo los desvaríos del lunático medieval Guillermo de Occam, que llegó a conocerse como el liberalismo filosófico europeo moderno, bajo el cual en ocasiones se permitiría el progreso tecnológico, pero el conocimiento del principio del “fuego” quedaría proscrito para la mayoría aun entre las filas de los estratos con una educación tecnológica.

Este aspecto veneciano de franco satanismo del liberalismo filosófico pasó al primer plano político con el neocartesianismo de Voltaire y los empiristas reduccionistas del siglo 18, en torno a seguidores tales del abad veneciano con sede en París, Antonio Conti, como D’Alembert, De Moivre, Euler y Lagrange, y seguidores de éstos tales como Laplace, el plagiario Agustín Cauchy, Clausius, Grassmann, lord Kelvin, Helmholtz y los positivistas radicales del cuño de Ernst Mach. Entre los más radicales estaba el farsante de Bertrand Russell y compinches suyos de los 1920, tales como el satánico (y teósofo) descarado Aleister Crowley y H.G. Wells, de quienes salieron las personalidades corruptas del profesor Norbert Wiener del fraude de la “teoría de la información”, y el John von Neumann del timo de la “inteligencia artificial”.

El rasgo característico de estos empiristas y sus seguidores positivistas es esa negación de la existencia de expresiones cognoscibles de creatividad que se encuentra entre los llamados newtonianos de la ralea de D’Alembert, Euler y Lagrange. Dicha negación fue el razonamiento que demolió Carl F. Gauss, en cuestión de principio científico, en su disertación doctoral de 1799. Carl F. Gauss fue un joven genio que prosperó en aquel ambiente cultural momentáneamente más feliz, y a quien le debemos tanto hoy. ¡Ecos del Zeus olímpico de la trilogía de Prometeo!

El asunto de esa disputa entre los seguidores de Cusa, Leonardo, Kepler, Fermat, Pascal, Leibniz y demás, por un lado, y los empiristas del siglo 18 por el otro, adoptó la forma de la negación histérica de los empiristas de la realidad ontológica de lo infinitesimal, como la definieron Kepler y Leibniz, por ejemplo. De hecho, como la gravitación ilustra el principio general para tales casos, la gravedad, que es tan grande como el universo, manifiesta su grandeza de forma localizada como una expresión infinitesimal de su identidad total. Los empiristas, al igual que sus seguidores más radicales, los positivistas, tildaban de “imaginario” el infinitesimal del cálculo de Leibniz, como si fuera un truco matemático útil que no se consideraba que tuviera significado ontológico alguno que no fuera el de un artificio provechoso.

Este truco va al meollo del juego de manos que usaron Sarpi, Galileo y sus seguidores. Su truco, al tratar cualquier descubrimiento cuyo origen real quisieran negar con su prestidigitación, consistía en sustituir el acto de la prueba física de un principio físico universal descubierto, como el de la gravitación universal, con una fórmula matemática. Esta fórmula se basaría en el modelo de la tergiversación que hacen Euclides y Descartes de la realidad experimental ontológica del espacio–tiempo físico. La realidad del descubrimiento físico experimental se sustituía por la noción de una fórmula matemática alojada en un reino fantástico, ubicado en el dominio irreal “autoevidente” del espacio y el tiempo euclidianos.

La historia de esa lucha entre los científicos y los empiristas dio un giro importante para bien, si bien temporal, para bien en la segunda mitad del siglo 18. Esto ocurrió en Alemania, con la intersección de la obra de un connotado matemático de ese siglo, Abraham Kästner, uno de los maestros principales del joven Carl F. Gauss, y los célebres colaboradores Gotthold Lessing y Moisés Mendelssohn. En el período de su colaboración, este par no sólo hizo trizas, aunque de manera temporal, la influencia de los empiristas de la Academia de Berlín en torno a Leonhard Euler, sino que tuvieron una participación destacada en el renacimiento cultural clásico que produjo a Goethe, Schiller y sus colaboradores, y que fue parte importante del movimiento que se asoció con la causa de la lucha estadounidense contra los británicos y los Habsburgo para independizarse de las tiranías oligárquicas.

La Revolución Francesa y la tiranía napoleónica fueron organizadas, con apoyo británico, por las redes de la francmasonería martinista que encabezaba el conde Joseph de Maistre, quien diseñó el modelo del personaje que representó el Napoleón de la vida real. Éste se convirtió en el modelo Napoleón que luego se usó para diseñar las presentaciones públicas de Adolfo Hitler. Estos acontecimientos desmoralizaron al movimiento clásico en Europa: el Congreso de Viena de Londres y Metternich en 1815, combinado en efecto con la Restauración de los Borbón en París por cortesía del duque de Wellington. Las leyes para gobernar el pensamiento en Alemania, que organizó Metternich encubriéndose en su corresponsal G.W.F. Hegel, crearon una difundida depresión moral derechista, que perduró a pesar de los logros de Alejandro de Humboldt como organizador de la ciencia, hasta aproximadamente los 1850.

El último golpe contundente contra el reduccionismo en la física matemática, hasta la fecha, lo atizó el protegido más destacado de Carl Gauss y Lejeune Dirichlet, Bernhard Riemann. Los principios de geometría física como los formulados por Riemann, representan lo más alto del pensamiento general sobre los sistemas físicos hasta hoy, del modo que las referencias de Albert Einstein y V.I. Vernadsky al respecto son típicas de los nexos categóricos más pertinentes.

Al reflexionarlo con cuidadosa consideración, parece ser que una revisión de lo medular de la obra de Kepler es el mejor enfoque para ayudar al estudiante adulto actual con la preparación adecuada (y a otros) a captar las implicaciones de lo que Einstein y otros reconocieron como lo más decisivo de la obra de Riemann, y a librar su mente del uso del formalismo matemático en tanto sustituto del pensamiento creativo.

Sin embargo, establecer estos nexos tiene un propósito más profundo y de mayor alcance. El estudio de las implicaciones de los descubrimientos principales de Kepler y su reflejo en la obra de quienes lo siguieron, es el mejor enfoque con sustento histórico para potenciar la capacidad del estudiante de ubicar la ciencia en el descubrimiento de la forma experimental de expresión de los principios físicos universales per se, liberándolo así de los efectos estupidizantes del impropio acto ontológico hoy común de remplazar el conocimiento del principio mismo con la descripción de una formulación matemática, que es una mera sombra aproximada de la idea de principio pertinente, como si fuera un sustituto apropiado.

El objetivo es liberar la mente de la estupefacción que el satánico Zeus olímpico exigía que se le impusiera a una humanidad degradada a los límites intelectuales prescritos para el ganado humano de un Satanás oligárquico. Que el mugido del ganado en las universidades se transforme en los sonidos encantadores de almas brillantes que se elevan con el gozo de la belleza coral.

Uno puede liberarse de las cadenas físicas y, luego, se tiene la libertad de pensar y actuar como un ser humano dotado de esa creatividad que los llamados fanáticos “ambientistas”, y los derechistas y otros fanáticos favorables a la oligarquía hoy, aplastarían para siempre, de permitírseles seguir adelante.

Para anunciar la libertad, disparen los cañones de la sofistería científica.


[1]De Rohatyn podría decirse que hasta su apariencia de rata es una expresión del toque de ironía de Satanás, en la semejanza de Rohatyn con una criatura que el “Dr. Moreau” de H.G. Wells podría haber creado a partir de lo que originalmente fue una rata.
[2]DLC: el Consejo de Liderato Demócrata es un factor dominante en el Partido Demócrata que funciona como representante de grupos de derecha, entre ellos intereses financieros y otros, como los responsables del intento de enjuiciar al presidente estadounidense Bill Clinton en 1999.
[3]Es decir, la conferencia por internet del 20 de Julio de 2006, “Rohatyn como Satanás”, disponible con interpretación simultánea al español en www.larouchepac.com/spanish.
[4]Geography and Macroeconomics: New Data and New Findings (Geografía y Macroeconomía: Nuevos datos y nuevos hallazgos), de William D. Nordhaus (www.pnas.org/cgi/reprint/103/10/3510). Mi agradecimiento a la persona que me envió hace poco el informe de William D. Nordhaus del 2 de diciembre de 2005.
[5]Al estilo de aquellos tiempos, identifiqué mi método de “modelaje económico dinámico” como modecodi.
[6]Esta presentación, que ahora está en preparación, es una demostración correcta del descubrimiento a menudo incomprendido de Johannes Kepler de la gravitación universal.
[7]Como demostrarían Leibniz y su colaborador Jean Bernouilli, ha de considerarse que toda curvatura de acción tiene como premisa la geometría física de un principio físico universal de acción mínima y tiempo mínimo, del modo que esto se expresa tanto en la forma catenaria como en el ordenamiento logarítmico natural correspondiente descubierto por Leibniz. La noción del pentagramma miríficum que formuló Napier, refleja el intento de desarrollar un sistema logarítmico de una forma propia del procesamiento de datos astronómicos. El reconocimiento de Gauss del descubrimiento de Napier del pentagramma miríficum abrió nuevas dimensiones más ricas al entendimiento de las implicaciones más profundas del principio de Leibniz.
[8]Como se aborda más adelante, una forma de acción considerada “infinitesimal” no representa una criatura hipotética de “tamaño infinitesimal”, sino más bien la acción de un principio universal eficiente sobre un proceso lo más diminuto posible en cada intervalo. Fue el fracaso del empirista fanático Leonhard Euler —o la negación obstinada por motivos ideológicos— en reconocer las implicaciones ontológicas del infinitesimal de Godofredo Leibniz para el cálculo. Este mismo error craso de Euler es típico de todo intento ideado y empleado hoy día en la prognosis económica a escala mundial.
[9]De nuevo, la demostración experimental de Fermat del “menor tiempo” al mostrar la relatividad física del tiempo, guió a la ciencia del siglo 18, con el patrocinio de Jean–Baptiste Colbert de Francia, a la hipótesis de Huyghens sobre un principio isócrono, y a sustituir la cicloide de Huyghens por la función logarítmica natural o catenaria de Leibniz y Bernouilli de un principio físico universal de acción mínima, como la base de la definición física de tiempo relativo.
[10]Lo que las creencias de esos medios llaman “ciencia” es, primero, ideología ingenua, y en un pobre segundo lugar, la interpretación de algunos aspectos de la práctica experimental exitosa.
[11]En realidad, los procesos inertes también son dinámicos. Sin embargo, como lo destacaba el fundador de la ciencia moderna de la biosfera y la noosfera, V.I. Vernadsky, la química de la acción de los procesos vivos difiere de la de las mismas substancias en el dominio inerte en el sentido de dinámica que empleaba Leibniz. Sin embargo, más importante que la diferencia, es la forma en que las químicas viva e inerte se interconectan, aunque sigan siendo distintas en el sentido de la distinción de Vernadsky.
[12]Específicamente, son los residuos cúbicos y bicuadráticos los que ocupan a Gauss en sus primeras elaboraciones.
[13]Ver Orión y Hogar ártico en los Vedas, de Bal Gangadhar Tilak.
[14]Como señalaba Einstein, en el intervalo de la Primera Guerra Mundial, Max Planck y su obra estuvieron bajo el ataque fanático de la canalla de los seguidores germanoparlantes del ideólogo positivista radical Ernst Mach. El resultado de esta cacería de brujas machiana, de la cual Einstein se distanció públicamente, fue el éxito de la facción de Russell y Bohr en pervertir la difusión subsiguiente de la “interpretación oficial” del verdadero descubrimiento de Planck. De manera implícita, el asunto central de la correspondencia entre Einstein y Born es el efecto de este ataque corrupto contra Planck que produjo el cambio de opinión de Born, quien se alejó del pensamiento de Einstein.
[15]Werke, de Carl F. Gauss (1981, VI, VII pássim). Ver “How Gauss Determined the Orbit of Ceres” (Cómo Gauss determinó la órbita de Ceres), por Jonathan Tennenbaum y Bruce M. Director (Fidelio, edición de verano de 1998).
[16]De no haberse arruinado las reformas económicas decisivas del presidente John F. Kennedy, paso a paso, en la secuela de su asesinato, se hubieran agregado para devenir en un virtual retorno a las características de las reformas de Roosevelt. La guerra de Indochina después de Kennedy, y los cambios radicales en las políticas físico–económicas, sociales y monetarias, de manera sucesiva, con el presidente Nixon y la Comisión Trilateral, y la función de John J. McCloy en urdir los cambios de gobierno en la Alemania posterior a Konrad Adenauer de los 1960, son emblemáticos de las medidas que prácticamente arrasaron con las iniciativas de Kennedy que iban en dirección a revivir el legado de Roosevelt, aunque hubiera sido al modo de Kennedy, y no al de Roosevelt.
[17]Esto quiere decir que el desdoro de Morton Scholes en agosto y septiembre de 1998 no es más que un reflejo superficial de su necedad más grande. Los sucios payasos del comité del premio Nobel que le granjearon la presea al insulso Scholes, son los transgresores notables en ese caso, en el sentido en el que Jonathan Swift describía a los sabios de Laputa.
[18]En especial es notable la obra de Anton Chaitkin y del finado H. Graham Lowry en la definición de los aspectos característicos de la continua lucha de vida o muerte entre el Sistema Americano de economía política de los patriotas y su principal adversario global, el sistema liberal angloholandés. Ver Treason in America: From Aaron Burr to Averell Harriman (Traición en América: De Aaron Burr a Averell Harriman), de Anton Chaitkin (Nueva York: segunda edición, 1986) y How The Nation Was Won: America’s Untold Story (Cómo se ganó la nación: la historia inédita de Estados Unidos de América), vol. I, 1630–1754, de H. Graham Lowry (Washington, D.C.; Executive Intelligence Review, 1987). Los agentes de Néstor Sánchez, famoso por los “escuadrones de la muerte”, y otros, como Fernando Quijano, quien había tomado control temporal de mi organización filosófica de conformidad con los arreglos especiales que dirigió el gobierno federal a mediados de los 1990, impidieron que Lowry escribiera el volumen 2 del libro, así como su publicación.
Estas publicaciones se han complementado con importantes estudios estratégicos de la defensa de EU contra sus adversarios estratégicos con sede en Europa durante el intervalo de 1920–1945, y la perversión que se efectuó con el presidente Harry Truman, quien hizo tanto por consolar a los enemigos nacionales y extranjeros de Roosevelt por su derrota previa a manos de él.
[19]El sistema moderno del empirismo, que es la premisa de la forma matemática del sistema de economía política liberal angloholandés, es producto de la intervención destacada del Nuevo Partido Veneciano de Paolo Sarpi. Ese sistema se basaba, de pe a pa, en el principio de las apuestas, en vez de la producción; el lacayo personal de Sarpi, el farsante Galileo Galilei, fue un pionero en la creación del sistema de apuestas que subyace en el diseño del sistema político–económico liberal en general, y en los métodos de Mandeville, Quesnay, Adam Smith y Jeremías Bentham, en particular.
De manera implícita, como alega Mandeville en su obra francamente pro satánica, La fábula de las abejas, y del modo que la doctrina de François Quesnay del poder mágico de los títulos de propiedad se hace eco de éste; y como la doctrina del “libre cambio” de Adam Smith se plagió tanto a Mandeville como a Quesnay; y de la forma que el Turgot del que Smith plagió buena parte del contenido de su La riqueza de las naciones, esta perspectiva expresa la visión tácita del mundo de Donald Trump, que consiste en que el destino respectivo de los ricos y los pobres está en manos de virtuales hombrecillos verdes que moran bajo la tarima del universo, quienes hacen trampa a favor de los unos y en contra de los otros.
[20]La elaboración físico–matemática de esta cuestión es importante, por supuesto, pero la panorámica conceptual de la misma no sólo es indispensable, sino primordial. El problema incluso con las formulaciones matemáticas aceptables reside en la tendencia del reduccionista a tratar las matemáticas como la sustancia, en vez de la sombra que es, de la realidad ontológica del concepto pertinente.
[21]El personaje de Fiódor Dostoievski, el Gran Inquisidor, representa una penetración histórica válida del Torquemada sobre la base del cual el francmasón martinista Joseph conde de Maistre confeccionó la carrera de Napoleón Bonaparte, y la del Adolfo Hitler que le siguió los pasos a éste.